Síntomas de autismo en adultos: una guía para entenderte mejor

Síntomas de autismo en adultos: una guía para entenderte mejor

Soy Irene Arnás, psicóloga, y a mi consulta llegan con frecuencia personas que han pasado toda su vida con una sensación persistente de ser diferentes, sin entender muy bien el porqué. Los síntomas de autismo en adultos no siempre son obvios; a veces se manifiestan como una profunda sensación de no encajar, un agotamiento social que te deja sin energía o una necesidad de orden que va mucho más allá de una simple manía. Como especialista en autismo, mi objetivo es arrojar luz sobre estas experiencias.

Comprendiendo el autismo en la vida adulta

Dibujo a lápiz detallado de la cabeza y parte superior del torso de un joven con mirada neutra, perfil a la derecha.

Descubrir que podrías ser autista en la edad adulta es una experiencia cada vez más habitual en mi práctica clínica. Esto no quiere decir que el autismo "aparezca" de repente. Lo que significa es que, por fin, como sociedad y como profesionales de la salud mental, tenemos una comprensión mucho más amplia y matizada que nos permite identificar perfiles que antes pasaban completamente desapercibidos.

Muchos de estos adultos pertenecen a lo que a veces llamo la "generación perdida": personas que crecieron en una época en la que los criterios diagnósticos eran muy rígidos y se centraban casi en exclusiva en niños varones con altas necesidades de apoyo.

El infradiagnóstico, una realidad silenciada

Las cifras en España hablan por sí solas. Se calcula que aproximadamente 1 de cada 100 personas está en el espectro autista. Sin embargo, la cantidad de adultos con un diagnóstico oficial es muchísimo menor, lo que deja en evidencia un claro infradiagnóstico.

Esta brecha se debe, en gran medida, a la dificultad histórica para detectar el autismo en perfiles que no encajaban en ese molde tradicional. Esto es especialmente cierto en el caso de las mujeres, que a menudo desarrollan complejas estrategias de enmascaramiento para adaptarse socialmente. Puedes leer más sobre esta realidad en las diferentes secciones de mi web dedicadas al autismo.

Los datos revelan que, aunque se estima que hay cerca de 470.000 personas con autismo en el país, solo un porcentaje mínimo de los diagnosticados supera los 30 años. Esto deja a miles de adultos sin las respuestas y el apoyo que tanto necesitan y merecen. Para más información, puedes consultar los datos sobre la situación del autismo en España en este análisis del SID.

Como psicóloga, he visto que para muchos recibir un diagnóstico tardío no es una etiqueta que limita, sino el manual de instrucciones que les faltaba para entender su propia vida. Es el verdadero comienzo de un camino de autoconocimiento, aceptación y bienestar.

Las bases para entender tu neurodivergencia

A lo largo de esta guía vamos a explorar en detalle las áreas clave donde se manifiestan los rasgos del autismo en la edad adulta. Mi objetivo es darte claridad y herramientas para que puedas reconocer si estas experiencias resuenan contigo. Hablaremos de:

  • La interacción social: Desde la dificultad para pillar las indirectas o el lenguaje no verbal, hasta ese agotamiento extremo después de estar con gente.
  • Los patrones de comportamiento: La importancia vital de las rutinas, esos intereses intensos que te absorben por completo y las conductas repetitivas como una forma de calmarte y regularte.
  • La sensibilidad sensorial: Cómo una percepción diferente de las luces, los sonidos, los olores o las texturas impacta en tu día a día.
  • El funcionamiento ejecutivo: Los desafíos a la hora de planificar, organizar tareas y gestionar el tiempo de forma eficaz.

Entender estas áreas es el primer paso para dejar de luchar contra ti mismo y empezar a construir una vida que esté realmente alineada con quien eres.

Trabajemos juntos

Estoy disponible tanto para terapia presencial en Las Palmas como para sesiones online.

Desafíos en la comunicación y las interacciones sociales

Dos perfiles humanos estilizados, frente a frente, con texto incomprensible en sus mentes y un signo de interrogación central, simbolizando confusión o falta de entendimiento.

Si hay un terreno donde los síntomas de autismo en adultos suelen manifestarse con más claridad, es en el ámbito social. Pero es fundamental aclarar un punto: no se trata de una falta de interés por conectar con los demás, como a menudo se piensa. En realidad, es una forma diferente de procesar la información social, una que puede generar malentendidos y un agotamiento profundo.

Muchos adultos en el espectro han pasado gran parte de su vida sintiéndose fuera de lugar en las conversaciones, como si se hubieran saltado una clase crucial sobre las reglas sociales que el resto del mundo parece dominar. Esta sensación constante de desfase puede ser increíblemente frustrante y aislante.

Lo que para una persona neurotípica es intuitivo, para una persona autista puede requerir un análisis consciente y un esfuerzo mental enorme. Imagina tener que traducir un idioma extranjero en tiempo real, pero sin un diccionario completo. Así es como me lo describen a menudo en terapia.

La dificultad con el lenguaje no verbal

Una inmensa parte de lo que comunicamos no se dice con palabras. Se transmite a través del tono de voz, las expresiones faciales, los gestos o la postura corporal. Para muchos adultos autistas, descifrar este flujo constante de información implícita es un desafío mayúsculo.

Es como ver una película en un idioma que no dominas y sin subtítulos. Entiendes algunas palabras, pero se te escapa la ironía, el sarcasmo o el doble sentido que el actor transmite con su voz. Esta dificultad a menudo conduce a interpretar las cosas de una forma muy literal.

Y esta literalidad no es una elección; es el resultado de un cerebro que procesa la información de manera más directa y lógica. Por ejemplo, si un compañero de trabajo dice «¡Qué día más maravilloso!» mientras llueve a cántaros y su cara es de fastidio, una persona autista podría sentirse confundida al no integrar el sarcasmo de la situación.

Desde mi experiencia profesional, veo que el mundo social neurotípico está lleno de códigos no escritos, metáforas y sutilezas. Cuando tu cerebro está programado para la precisión y la lógica, navegar por este mar de ambigüedades puede ser agotador y llevar a malentendidos involuntarios.

El reto de las conversaciones triviales y la "resaca social"

La famosa «charla trivial» o small talk es otro obstáculo común. Iniciar o mantener conversaciones sobre temas superficiales, como el tiempo o los planes del fin de semana, puede sentirse artificial, sin sentido y mentalmente agotador.

Muchas personas autistas prefieren sumergirse directamente en temas profundos sobre sus intereses específicos. Disfrutan compartiendo datos, análisis y detalles sobre lo que les apasiona, algo que a veces puede percibirse como un monólogo o falta de interés por la otra persona, aunque esa no sea en absoluto la intención.

Este esfuerzo constante por participar en interacciones sociales que no fluyen de forma natural tiene un coste. El concepto de «resaca social» describe a la perfección ese estado de agotamiento extremo —físico, mental y emocional— que muchos adultos autistas sienten después de socializar, incluso si el encuentro ha sido agradable. Es una necesidad imperiosa de retirarse a un espacio tranquilo y solitario para recargar las pilas.


Para ilustrar mejor cómo estos desafíos se ven en la práctica, he preparado una tabla que desglosa algunas de las dificultades más comunes en el día a día.

Manifestaciones de los desafíos sociales en adultos autistas

Área de dificultadCómo se manifiesta en el día a díaEjemplo práctico
Reciprocidad socioemocionalDificultad para iniciar o mantener el flujo de una conversación. La interacción puede parecer unilateral.Durante una pausa para el café, un compañero te pregunta por tu fin de semana. Respondes con un "bien" y, en lugar de devolver la pregunta, empiezas a hablar detalladamente sobre un proyecto que te interesa.
Comprensión del lenguaje no verbalProblemas para interpretar el sarcasmo, las bromas o el lenguaje corporal. Se tiende a tomar las cosas de forma literal.Tu jefe te dice con una sonrisa irónica: "No te esfuerces tanto, que te vas a lesionar". Lo interpretas literalmente y te preocupas por si estás trabajando en exceso, sin captar que era un cumplido.
Gestión de las relacionesDificultad para crear y mantener amistades, a menudo por no saber cómo navegar las expectativas sociales implícitas.No te das cuenta de que un amigo está pasando por un mal momento porque no lo ha dicho explícitamente, aunque su comportamiento y tono de voz lo indicaban, lo que puede ser interpretado como falta de empatía.

Es fundamental entender que estos desafíos no son un reflejo de la personalidad ni una falta de voluntad para conectar. Son, simplemente, manifestaciones de una neurodivergencia; una manera distinta de estar y procesar el mundo social. Reconocer estos patrones es el primer paso, no solo para desarrollar estrategias que nos ayuden, sino, sobre todo, para cultivar la autoaceptación.

Comportamientos repetitivos y la importancia vital de las rutinas

Más allá del terreno social, otro de los grandes pilares que nos ayudan a entender el autismo en la edad adulta se encuentra en los patrones de comportamiento, intereses y actividades. Lejos de ser simples manías o excentricidades, estos patrones son en realidad estrategias muy sofisticadas que las personas autistas desarrollan para poder navegar en un mundo que, desde su perspectiva, a menudo se siente caótico e impredecible.

Es importante entender que estos comportamientos no suelen ser una elección consciente, sino más bien una respuesta neurológica a una necesidad profunda de crear orden, predictibilidad y, en definitiva, seguridad. Son el ancla que les permite regular la ansiedad y procesar la avalancha de información que reciben del entorno.

La necesidad vital de las rutinas

Para una persona en el espectro, las rutinas no son una simple preferencia por tener las cosas ordenadas; son una necesidad estructural básica. Piensa en ellas como un mapa de confianza en un territorio que cambia sin parar. Seguir un itinerario fijo, desayunar siempre lo mismo o repetir los mismos pasos antes de ir a dormir no es un signo de rigidez, sino una forma muy eficaz de conservar energía mental y emocional para lo que de verdad importa.

Por eso, cuando una rutina se rompe de forma inesperada (un cambio de planes de última hora, una ruta de autobús diferente, o incluso que tu marca de café favorita deje de fabricarse), el impacto puede ser enorme. No es una simple molestia, es como si uno de los pilares que sostenían tu seguridad se derrumbara de golpe, lo que puede provocar una ansiedad muy intensa, confusión o incluso un bloqueo total.

En mi consulta, a menudo uso esta metáfora: imagina que cada día tuvieras que caminar por una ciudad donde las calles cambian de sitio sin previo aviso. Una rutina es como tener un GPS interno fiable; te da la confianza de que, pase lo que pase fuera, hay un camino seguro que conoces y puedes seguir.

Los intereses especiales: una fuente de alegría y conocimiento

Otro rasgo muy característico son los intereses especiales, a veces llamados special interests. Se trata de pasiones increíblemente intensas y muy focalizadas en temas concretos que van mucho más allá de lo que consideraríamos un simple hobby. Pueden abarcar desde la historia del antiguo Egipto o los patrones de migración de las aves, hasta la programación informática o la discografía completa de un artista.

Estos intereses son una fuente inagotable de alegría, conocimiento y bienestar. Sumergirse en ellos permite a la persona autista recargar su energía, encontrar un sentido de propósito y experimentar una profunda sensación de competencia y maestría. Lejos de ser una "obsesión" improductiva, muchas veces estos intereses acaban convirtiéndose en carreras profesionales de éxito o en una vía para conectar genuinamente con otras personas que comparten esa misma pasión.

Por ejemplo, es común que una persona autista:

  • Planifique un viaje hasta el último detalle: Puede pasar semanas investigando horarios de transporte, menús de restaurantes y creando hojas de cálculo para cada día. Esto no es control excesivo, sino una forma de reducir la incertidumbre y poder disfrutar de verdad la experiencia.
  • Memorice datos muy específicos: Puede ser capaz de recitar alineaciones completas de equipos de fútbol de hace décadas o detalles técnicos de modelos de trenes que a otros les pasarían desapercibidos.
  • Organice colecciones de forma meticulosa: No se trata solo de coleccionar objetos, sino de clasificarlos y ordenarlos siguiendo sistemas personales complejos que tienen un profundo sentido para ellos.

El "stimming" como herramienta de autorregulación

Finalmente, es crucial hablar de los comportamientos repetitivos o estereotipados, más conocidos como "stimming" (del inglés self-stimulatory behavior). Estos pueden incluir balancearse, jugar con un objeto entre los dedos, repetir una palabra en voz baja o tararear.

Socialmente, estos comportamientos a menudo se malinterpretan y, sobre todo en la infancia, se intentan suprimir. Sin embargo, para una persona autista, el stimming es una herramienta de autorregulación increíblemente valiosa y necesaria. Cumple varias funciones clave:

  • Calma la ansiedad: El movimiento rítmico y predecible tiene un efecto tranquilizador directo sobre un sistema nervioso que está sobrecargado.
  • Ayuda a concentrarse: Puede ser una forma de filtrar distracciones externas y enfocar toda la atención en la tarea que se tiene entre manos.
  • Expresa emociones intensas: Cuando las palabras no bastan para expresar una alegría desbordante o un estrés profundo, el stimming puede ser una vía de escape fundamental para esa energía emocional.

Entender estos patrones no como limitaciones, sino como las estrategias funcionales que son, es absolutamente esencial. Son la arquitectura interna que permite a una persona autista construir su propio orden y encontrar seguridad en un mundo que no siempre está diseñado para su forma de percibirlo y procesarlo.

El perfil autista en mujeres y el fenómeno del masking

Dos perfiles de mujeres con los ojos vendados se miran, con un corazón y pequeños emoticonos.

Durante décadas, la imagen que todos teníamos del autismo estaba ligada casi en exclusiva a niños varones. Este sesgo ha dejado a incontables niñas y mujeres fuera del radar diagnóstico, forzándolas a navegar solas por un mundo que no comprendían del todo y que, a su vez, tampoco las comprendía a ellas.

Hoy, por suerte, sabemos que los síntomas de autismo en adultos se manifiestan de forma muy diferente en las mujeres. A menudo, de una manera mucho más sutil e internalizada.

La clave para entender esta diferencia es un fenómeno conocido como masking o enmascaramiento. El masking es una estrategia de supervivencia social, muchas veces inconsciente, que consiste en ocultar activamente los rasgos autistas para poder encajar en las expectativas neurotípicas.

Imagina tener que interpretar un papel en una obra de teatro que dura toda tu vida, sin guion y con reglas que cambian sin previo aviso. Desde muy pequeñas, muchas niñas autistas observan, analizan e imitan el comportamiento de sus iguales con la precisión de un antropólogo estudiando una cultura desconocida. Aprenden a forzar el contacto visual, a ensayar conversaciones mentalmente y a suprimir sus movimientos de autorregulación (stimming) para no llamar la atención. Un esfuerzo, como puedes imaginar, absolutamente agotador.

Las sutilezas del perfil femenino

Más allá del enmascaramiento, hay otras características que suelen diferenciar el perfil autista en mujeres. Una de las más importantes tiene que ver con la naturaleza de sus intereses especiales.

Mientras que un interés profundo en los trenes o los dinosaurios en un niño puede levantar sospechas, los intereses intensos de las niñas autistas a menudo se centran en temas considerados más "socialmente aceptables". Por ejemplo, pueden desarrollar una fascinación absorbente por:

  • La literatura o la escritura: Creando mundos complejos y analizando personajes con una profundidad inusual.
  • La psicología o el comportamiento humano: Un intento lógico de entender esas reglas sociales que les resultan tan esquivas.
  • Los animales o la naturaleza: Sienten una conexión más fuerte y sencilla con los animales que con las personas.
  • El arte o la música: Un canal perfecto para expresar emociones intensas que no logran verbalizar.

Como estos intereses no resultan "extraños" a ojos de los demás, suelen pasar desapercibidos como un posible rasgo autista. Simplemente se interpretan como pasiones propias de su personalidad. Si quieres profundizar en cómo se manifiestan estos rasgos desde la infancia, te invito a leer mi artículo sobre el autismo en niñas.

El alto coste emocional del masking

Vivir detrás de una máscara tiene un precio muy alto. El esfuerzo continuo por suprimir tu verdadero yo para adaptarte a un molde que no te pertenece conduce a un estado de agotamiento crónico, conocido como burnout autista.

Este agotamiento casi siempre va acompañado de una intensa ansiedad y, en muchos casos, de depresión. Además, puede provocar una profunda desconexión con la propia identidad. Muchas mujeres llegan a mi consulta sintiéndose como un fraude, sin saber quiénes son realmente debajo de todas las capas de comportamiento aprendido que han ido construyendo a lo largo de los años.

El masking no es una elección consciente para engañar. Es un mecanismo de defensa desarrollado para sobrevivir en un entorno que penaliza la diferencia. Reconocerlo es el primer paso para poder quitarse la máscara y empezar a vivir de una forma más auténtica y sostenible.

Afortunadamente, este esfuerzo por identificar a niñas y mujeres en el espectro está dando sus frutos. En la última década, los diagnósticos de autismo en el sistema educativo español han aumentado un 310,36%, pasando de 19.023 estudiantes en el curso 2011-2012 a 78.063 en 2022-2023, según datos de este informe de elDiario.es.

Este incremento se debe, en gran parte, a una mayor concienciación y a herramientas de diagnóstico más sensibles que están permitiendo identificar, por fin, a las niñas y mujeres que antes eran invisibles. Visibilizar el perfil femenino es fundamental para que muchas mujeres adultas puedan, por fin, encontrar las respuestas que llevan toda una vida buscando.

La sensibilidad sensorial y las condiciones que la acompañan

Una de las experiencias que más definen el autismo es la de percibir el mundo de una forma radicalmente distinta. Esto se debe, en gran medida, a un procesamiento sensorial atípico. No se trata de tener los sentidos "mejores" o "peores", sino de que el cerebro procesa los estímulos de una manera mucho más directa e intensa o, por el contrario, de forma muy atenuada.

Estos síntomas de autismo en adultos a menudo pasan desapercibidos para los demás, pero tienen un impacto constante y profundo en la vida diaria. Entender tu perfil sensorial es, sin duda, la clave para comprender por qué ciertas situaciones te agotan o te resultan insoportables.

Hipersensibilidad e hiposensibilidad sensorial

El procesamiento sensorial en el autismo suele moverse entre dos polos opuestos. De hecho, lo más común es experimentar ambos, incluso para el mismo sentido en diferentes momentos del día.

  • Hipersensibilidad: Ocurre cuando el cerebro amplifica los estímulos que recibe. Una luz que para otros es normal, para ti puede ser cegadora. El murmullo de una oficina puede sonar como un ruido ensordecedor. La etiqueta de una camiseta puede sentirse como si te estuviera arañando la piel sin parar.
  • Hiposensibilidad: Es justo el fenómeno contrario. Se necesita un estímulo mucho más intenso para que el cerebro lo registre. Esto puede llevar a una búsqueda activa de sensaciones fuertes, como escuchar música a un volumen muy alto, preferir comidas muy picantes o disfrutar de la presión intensa de un abrazo fuerte.

Esta forma tan particular de procesar la información sensorial es la causa directa de las sobrecargas, que pueden culminar en dos tipos de respuestas muy comunes, pero a menudo malinterpretadas.

La sobrecarga sensorial: meltdowns y shutdowns

Cuando el sistema nervioso se ve bombardeado por más información sensorial de la que puede gestionar, entra en un estado de colapso. No es un capricho ni una falta de autocontrol; es una reacción neurológica inevitable, una especie de cortocircuito.

Imagina que cada uno de tus sentidos es un micrófono conectado a un altavoz. En una persona neurotípica, hay un técnico que ajusta el volumen. En una persona autista, ese técnico a veces sube todos los volúmenes al máximo sin previo aviso, generando un ruido insoportable que lo inunda todo.

Esta sobrecarga puede manifestarse de dos maneras muy diferentes:

  1. Meltdown (explosión externa): Es una liberación intensa e incontrolable de la tensión acumulada. Desde fuera, puede parecer un ataque de pánico o de ira, con llanto, gritos o movimientos bruscos. No es un berrinche; es una respuesta a un dolor o estrés abrumador.
  2. Shutdown (desconexión interna): Podríamos llamarlo la implosión. La persona se desconecta del exterior para protegerse. Puede dejar de hablar, quedarse inmóvil o parecer completamente ausente. Por dentro, su mente está colapsada, pero por fuera parece pasiva o indiferente.

Condiciones asociadas: el peso de la comorbilidad

Vivir con un sistema nervioso que está constantemente en alerta máxima tiene consecuencias. Por eso, el autismo raramente viene solo. A menudo coexiste con otras condiciones, lo que conocemos como comorbilidades. La ansiedad y la depresión son compañeras de viaje extremadamente frecuentes, siendo en muchos casos la consecuencia directa del esfuerzo diario por encajar y del impacto de la sobrecarga sensorial crónica.

El TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) también es muy habitual. De hecho, se estima que entre el 30% y el 80% de las personas autistas también cumplen criterios de TDAH. Si te interesa saber más sobre esta doble neurodivergencia, puedes explorar a fondo la relación entre TDAH y autismo en este artículo.

Esta elevada prevalencia de condiciones asociadas tiene un impacto directo en la salud general. Un reciente estudio impulsado por Autismo España reveló un dato demoledor: el 91% de las personas autistas mayores de 16 años en nuestro país ha sufrido algún problema de salud en el último año, frente a solo un 56% en la población general. Estos datos subrayan la necesidad urgente de adaptar los servicios sanitarios a las necesidades específicas de los adultos autistas. Si quieres profundizar, puedes consultar los detalles de este informe sobre salud y atención sanitaria en autismo.org.es.

El camino hacia el diagnóstico y cómo puedo acompañarte

Si mientras leías esta guía has sentido que muchas de estas experiencias te resultaban familiares, es normal que ahora te preguntes: ¿y ahora qué? Darte cuenta de que te identificas con los rasgos del autismo en adultos es el primer paso en un viaje de autodescubrimiento que puede cambiarte la vida.

Llegar hasta aquí suele provocar una mezcla de alivio y confusión. Por un lado, sientes que por fin encuentras un marco que da sentido a vivencias de toda una vida. Por otro, surgen mil dudas sobre qué hacer a continuación. Lo más importante es que sepas que no tienes por qué recorrer este camino en soledad.

El proceso de diagnóstico en la edad adulta

Conseguir un diagnóstico formal de autismo en la edad adulta es un proceso muy cuidado y detallado, que nada tiene que ver con los tests que circulan por internet. Es fundamental buscar a un profesional de la psicología o la psiquiatría con experiencia específica en neurodivergencias en adultos. Alguien que sepa mirar más allá de la superficie y entienda los matices del masking.

El proceso de evaluación suele incluir varios pasos:

  • Entrevistas clínicas en profundidad: Conversaremos sobre tu historia vital, desde la infancia hasta hoy. Exploraremos tus experiencias sociales, patrones de comportamiento, intereses especiales y tus desafíos sensoriales.
  • Cuestionarios y escalas estandarizadas: Se utilizan herramientas validadas y específicas para la evaluación del autismo en la población adulta (como pueden ser adaptaciones del ADOS-2 o el ADI-R) para recoger información de manera estructurada.
  • Recopilación de información colateral: A veces, y solo si es posible y tú das tu consentimiento, puede ser útil hablar con algún familiar cercano que pueda aportar una perspectiva sobre tu desarrollo en los primeros años.

Para muchas personas, uno de los motivos principales para buscar respuestas es la sobrecarga sensorial, un desafío constante que este diagrama ilustra muy bien.

Diagrama mostrando hipersensibilidad sensorial (icono de silencio) que lleva a sobrecarga cerebral y luego a un colapso.

El esquema muestra cómo una sensibilidad muy alta a los estímulos puede llevar rápidamente a un colapso del sistema nervioso, lo que se manifiesta en forma de meltdown (una explosión emocional) o shutdown (un bloqueo o desconexión).

Mi enfoque: un acompañamiento afirmativo y práctico

Como psicóloga, mi objetivo va mucho más allá de poner una etiqueta. Mi enfoque es afirmativo, lo que significa que entiendo el autismo no como un trastorno que hay que "arreglar", sino como una neurodivergencia que necesita ser comprendida y apoyada. El diagnóstico se convierte así en una herramienta para el empoderamiento.

Un diagnóstico tardío no reescribe quién eres, sino que te ofrece el manual de instrucciones que siempre te faltó. Es el permiso para dejar de intentar encajar en un molde que no es el tuyo y empezar a construir una vida a tu medida.

Mi trabajo se centra sobre todo en el acompañamiento post-diagnóstico. Juntas podemos trabajar para:

  • Integrar tu identidad: Darle un nuevo sentido a tu pasado a través de esta lente y construir una autoimagen más sólida y positiva.
  • Gestionar la ansiedad y el burnout: Desarrollar estrategias prácticas y personalizadas para manejar la sobrecarga sensorial y el agotamiento social.
  • Mejorar tus relaciones: Aprender a comunicar tus necesidades de forma asertiva y a navegar el mundo social de una manera que sea sostenible y auténtica para ti.

Ofrezco sesiones tanto presenciales en Las Palmas como online, con una tarifa orientativa de 70 € por sesión individual. Si sientes que este puede ser tu momento, te invito a contactarme para una primera consulta informativa sin compromiso. En ella podremos hablar con calma de tus inquietudes y ver cómo puedo ayudarte.

Algunas dudas frecuentes sobre el autismo en la vida adulta

Cuando una persona empieza a plantearse la posibilidad de tener autismo ya en la edad adulta, es totalmente normal que aparezcan un montón de dudas y preguntas. Como psicóloga, quiero aprovechar este espacio para resolver algunas de las cuestiones que más escucho en mi consulta y así poder orientarte un poco en este camino.

¿No es demasiado tarde para buscar un diagnóstico de autismo?

Nunca es tarde. Un diagnóstico en la edad adulta no busca "curar" absolutamente nada, sino más bien dar un marco de comprensión a toda una vida de experiencias. Es una forma de validar lo que has sentido, de dar sentido a muchos desafíos del pasado y, algo muy importante, de conectar con una comunidad de personas que han vivido cosas muy parecidas.

Pero, sobre todo, es el punto de partida. A partir de ahí podemos empezar a crear estrategias que de verdad funcionen para ti, que mejoren tu calidad de vida, que refuercen tu autoestima y que te ayuden a construir relaciones mucho más auténticas y satisfactorias.

¿En qué se diferencian el autismo y el TDAH en adultos?

Es una confusión muy habitual, porque es cierto que pueden compartir algunas dificultades en lo que llamamos funciones ejecutivas (como la capacidad de planificar o de gestionar el tiempo). Sin embargo, el núcleo de cada una es muy diferente. El autismo se define, principalmente, por los desafíos en la reciprocidad social y emocional, en la comunicación no verbal y por la presencia de intereses muy específicos y absorbentes, así como ciertos patrones de comportamiento.

Por su parte, el TDAH se caracteriza por un patrón constante de inatención, hiperactividad e impulsividad. La cosa se complica porque ambas condiciones pueden darse a la vez, lo que se conoce como AuDHD. Precisamente por esto, es fundamental contar con un profesional experto que pueda hacer un buen diagnóstico diferencial.

Entender bien esta diferencia es clave. El tipo de apoyo y las estrategias que funcionan para una condición no siempre son las más adecuadas para la otra, y menos aún cuando se presentan juntas.

Si me diagnostican, ¿qué tipo de apoyos existen?

El apoyo que se ofrece tras un diagnóstico de autismo siempre, siempre, tiene que ser personalizado. Aquí no hay una solución mágica que sirva para todo el mundo, sino más bien un abanico de posibilidades que podemos combinar según lo que tú necesites.

Algunas de las opciones más habituales son:

  • Terapia individual: Un espacio para procesar lo que significa el diagnóstico, aprender a gestionar la ansiedad social, entender cómo prevenir y recuperarte del burnout autista o trabajar en tu autoestima.
  • Terapia ocupacional: Muy útil para darte herramientas prácticas con las que manejar la hipersensibilidad o la hiposensibilidad sensorial en tu día a día.
  • Coaching: Se centra en mejorar habilidades muy concretas, como la organización, la planificación de tareas o la gestión de tu tiempo.

El diagnóstico no es el final de nada, sino el principio. Es el primer paso para construir, por fin, un plan de apoyo que esté hecho a tu medida.

Trabajemos juntos

Para escucharte, apoyarte y dotarte de nuevas estrategias que estimulen todo tu potencial, aquí estoy. Estoy disponible tanto para terapia presencial en Las Palmas como para sesiones online.

Para dudas concretas, puedes enviarme un email.


  • Bonita la gente que es diferente — Jarabe de Palo

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