Guía sobre cómo ayudar a alguien con depresión: apoyo real y práctico

Guía sobre cómo ayudar a alguien con depresión: apoyo real y práctico

Saber cómo ayudar a alguien con depresión va mucho más allá de dar consejos o intentar animar a esa persona. Implica ofrecer un apoyo real, basado en la empatía y la paciencia, no en buscar soluciones rápidas que no existen. La clave está en aprender a escuchar sin juzgar, validar lo que siente y ofrecer una ayuda práctica en el día a día, mientras le animas con delicadeza a buscar el apoyo de un profesional.

Soy Irene Arnás y voy a enseñarte cómo ser un apoyo real

Hola, soy Irene Arnás. Sé que has llegado hasta aquí porque alguien a quien quieres lo está pasando mal, y es completamente normal que te sientas perdido, impotente o incluso con miedo de decir algo que empeore las cosas. Esta es una preocupación que veo constantemente en mi consulta, sobre todo en dinámicas de pareja y familiares, donde el inmenso deseo de ayudar choca con la falta de herramientas adecuadas.

Dos figuras minimalistas sentadas frente a frente, extendiendo sus manos, simbolizando apoyo y conexión.

Mi primer consejo es que dejes esa ansiedad a un lado. Esta guía está pensada para ser práctica, sin clichés ni consejos vacíos. Voy a acompañarte, desde mi experiencia como psicóloga experta en ansiedad, para que aprendas a convertirte en una presencia que de verdad suma y aporta calma.

Un camino práctico y sin juicios

Mi objetivo aquí es darte claridad y, sobre todo, confianza. Juntos vamos a explorar cómo:

  • Identificar las señales más sutiles de la depresión, que a menudo van más allá de la tristeza que todos imaginamos.
  • Iniciar conversaciones que conecten de verdad, en lugar de levantar muros o alejar a la otra persona.
  • Acompañar en el día a día, entendiendo que tu papel no es el de "salvar" a nadie, sino el de sostener y estar presente.

Tu labor no es curar la depresión de nadie. Tu verdadera misión es crear un espacio seguro donde esa persona se sienta vista, escuchada y acompañada en su propio proceso de recuperación.

Y algo fundamental que no podemos olvidar: también hablaremos de cómo puedes cuidarte tú en este proceso. Para ser un pilar fuerte para alguien, primero debes asegurarte de que tus propios cimientos están sólidos. Si quieres, puedes conocer más sobre mi enfoque y mi trayectoria profesional en mi página.

Trabajemos juntos

Estoy disponible tanto para terapia presencial en Las Palmas como para sesiones online.

Reconocer las señales de la depresión más allá de la tristeza

Para saber cómo ayudar a alguien con depresión, primero tenemos que aprender a verla. Y es que la depresión a menudo se esconde a plena vista. Solemos asociarla con una tristeza profunda y llanto, pero en mi consulta he visto una y otra vez cómo se disfraza de otras cosas, confundiendo a quienes más quieren ayudar.

Entender que la depresión no es solo estar triste es el primer paso para ofrecer un apoyo real. Es una condición compleja que afecta al estado de ánimo, a los pensamientos y, por supuesto, también al cuerpo, a menudo solapándose con los síntomas de la ansiedad.

Los síntomas que no parecen depresión

La irritabilidad es uno de los grandes impostores. Es especialmente común en hombres, pero puede afectar a cualquiera. En lugar de llanto, vemos enfado, respuestas cortantes o una mecha muy corta. Es fácil confundirlo con estrés o mal humor crónico, pero muchas veces es la señal de que la persona está luchando internamente y no sabe cómo gestionar un dolor profundo.

Otro indicador clave es la anhedonia. Es una palabra que simplemente significa la pérdida de interés o placer en actividades que antes apasionaban. ¿Esa persona que amaba salir a correr ahora pone excusas? ¿Ha dejado de lado su afición por la pintura o por quedar con amigos? Esta apatía no es pereza; es un síntoma nuclear de la depresión. Es como si el color se desvaneciera de su vida y todo se volviera gris.

La anhedonia es el silencio de la depresión. No grita como la tristeza, pero su ausencia de alegría es igual de dolorosa y paralizante.

Aprender a diferenciar la tristeza pasajera —una emoción humana completamente sana y necesaria— de este estado persistente es fundamental. La tristeza viene y va, tiene una causa que podemos identificar y no nos paraliza por completo. La depresión, en cambio, se instala, lo tiñe todo y agota los recursos de la persona.

Cuando el cuerpo manda señales de alarma

La depresión no solo vive en la mente; el cuerpo también lanza sus propias señales de socorro. De hecho, estas manifestaciones físicas suelen ser de las primeras en aparecer y, paradójicamente, las últimas en relacionarse con un problema de salud mental.

Presta atención a estos cambios:

  • Fatiga extrema y persistente: No hablo del cansancio normal después de un día ajetreado. Es una sensación de agotamiento profundo que no desaparece ni durmiendo diez horas. La persona puede sentirse incapaz de levantarse de la cama o de afrontar tareas sencillas.
  • Cambios drásticos en el sueño: Esto puede manifestarse de dos maneras opuestas. Por un lado, el insomnio (dificultad para conciliar el sueño, despertarse en mitad de la noche) o, por otro, la hipersomnia (dormir muchas más horas de lo habitual y aun así sentirse sin energía).
  • Alteraciones en el apetito y el peso: Puede haber una pérdida notable del apetito que lleve a adelgazar, o todo lo contrario, un aumento de la ingesta, a menudo buscando consuelo en alimentos hipercalóricos, con el consiguiente aumento de peso.
  • Dolores inexplicables: Molestias como dolores de cabeza, problemas digestivos o contracturas musculares que no tienen una causa física clara pueden ser la forma en que el cuerpo somatiza el malestar emocional.

Estos síntomas físicos son alarmas silenciosas. Si además coexisten con ansiedad, el cuadro puede volverse todavía más confuso. Es muy común que ambos trastornos se presenten juntos, algo que explico con más detalle en mi artículo sobre el trastorno ansioso-depresivo.

Identificar estas señales no te convierte en un diagnosticador, pero sí en un observador compasivo y preparado para actuar. Las cifras en nuestro país son una llamada de atención; según el Estudio Internacional AXA 2025, el 48% de la población declara tener depresión en alguno de sus grados, una cifra que se agrava en los jóvenes. Ser consciente de esta realidad nos ayuda a entender la importancia de estar atentos. Puedes leer más sobre el impacto de la salud mental en España para tener una visión más completa.

Cómo iniciar la conversación: qué decir y qué evitar a toda costa

El silencio es uno de los mayores cómplices de la depresión. Romperlo es, probablemente, el gesto más valioso que puedes ofrecer, pero la forma en que lo haces es crucial. Una palabra mal escogida puede levantar un muro; una frase empática puede abrir una rendija de luz.

Aquí no valen los rodeos ni las frases de ánimo vacías. Se trata de ser directo, pero desde la calidez y una preocupación que se sienta real. Tu objetivo no es diagnosticar ni, mucho menos, "arreglar" nada. Simplemente es mostrar que te has dado cuenta de que algo no va bien y que estás ahí, sin juicios.

Cómo abrir la conversación con empatía

Lo primero es elegir bien el momento y el lugar. Busca un espacio tranquilo, privado, donde podáis hablar sin interrupciones ni distracciones. No es una conversación para tener de pasada en el pasillo o con la tele de fondo. La clave es empezar hablando desde ti, desde lo que tú has observado y sientes.

Puedes probar con frases que nazcan de tu propia percepción:

  • "Últimamente he notado que pareces más distante/cansado/a, y la verdad es que me preocupo por ti. ¿Hay algo de lo que te apetezca hablar?".
  • "Me he dado cuenta de que ya no disfrutas tanto de [mencionar una afición que le gustaba]. Solo quería decirte que estoy aquí si necesitas desahogarte o simplemente estar en compañía".
  • "Tengo la sensación de que estás pasando por un momento muy duro. No tienes por qué hacerlo en soledad, quiero que sepas que me importas mucho".

Este enfoque evita que la persona se sienta interrogada o, peor aún, acusada. En lugar de un "¿Qué te pasa?", que a veces suena a reproche, estás comunicando un "Me importas y me preocupa lo que te pasa". Es un cambio sutil, pero lo cambia todo.

El arte de la escucha activa

Una vez que has abierto esa puerta, tu papel principal es escuchar. Y no me refiero a oír de forma pasiva mientras piensas en la solución perfecta. Hablo de la escucha activa, una habilidad que consiste en conectar de verdad, en intentar comprender y validar lo que la otra persona está sintiendo, aunque a ti te cueste entenderlo.

La escucha activa implica:

  • Validar sus sentimientos: Frases como "Suena increíblemente duro lo que estás viviendo" o "Entiendo perfectamente que te sientas así" le transmiten que sus emociones son legítimas. No está exagerando, su dolor es real.
  • Resistir el impulso de dar soluciones: La depresión no se cura con una lista de tareas. Por favor, evita saltar con un "lo que tienes que hacer es...". En este momento, la persona necesita sentirse comprendida, no dirigida.
  • Hacer preguntas abiertas: En lugar de preguntas de sí o no, que cierran la conversación, prueba con "¿Cómo ha sido todo esto para ti?" o "¿Desde cuándo te vienes sintiendo así?". Esto le invita a compartir más, pero solo si se siente con fuerzas para ello.

Validar su emoción no significa que estés de acuerdo con su visión negativa de las cosas. Significa que reconoces que su dolor, para ella o él, es real. Es el simple acto de decir: "Te veo, te escucho y lo que te pasa me importa".

Quizás esta imagen te ayude a poner nombre a esas señales que has observado y que te han traído hasta aquí.

Ver estas señales reflejadas nos recuerda que no estamos hablando de un simple bajón o un mal día. Son síntomas de un malestar profundo que necesita ser atendido.

Comunicación efectiva qué decir y qué evitar

Para ponerlo aún más fácil, he creado una tabla con ejemplos concretos que veo a diario en consulta. A veces, las frases que nos salen por inercia, con toda la buena intención del mundo, son precisamente las que más daño pueden hacer.

En lugar de decir esto...Prueba a decir esto...Impacto de la comunicación
"Anímate, que no es para tanto.""Veo que estás sufriendo mucho. Estoy aquí contigo."Lo primero minimiza su dolor y lo invalida. Lo segundo valida su sufrimiento, haciéndole sentir comprendido y menos solo.
"Tienes que ser más positivo/a.""No tienes que fingir que estás bien. Puedes estar como necesites estar."La depresión anula la capacidad de "ser positivo". Darle permiso para sentir sin presión es un alivio inmenso.
"¡Pero si lo tienes todo para ser feliz!""No voy a pretender que entiendo exactamente cómo te sientes, pero quiero estar a tu lado para intentarlo."La frase de la izquierda genera una culpa terrible. Reconocer la complejidad de su estado demuestra humildad y un interés genuino.
"Avísame si necesitas algo.""¿Te parece si mañana te traigo la cena? ¿O prefieres que salgamos a dar un paseo corto?"La primera opción pone toda la responsabilidad en la persona deprimida. Ofrecer ayudas concretas y específicas es infinitamente más útil.

Como ves, los pequeños matices en la comunicación pueden transformar por completo la experiencia de la persona que sufre.

¿Y si se cierra en banda?

Es muy probable que, al principio, te encuentres con un muro. Puede que te suelte un "estoy bien" cortante o que, simplemente, no quiera hablar. No te lo tomes como algo personal. Esa resistencia es un síntoma más de la depresión, a menudo alimentado por la vergüenza, el miedo o una profunda falta de energía incluso para poner en palabras lo que le pasa.

Si esto ocurre, no insistas. No fuerces la conversación. Tu objetivo en este primer contacto no es que te lo cuente todo, sino abrir una puerta y, sobre todo, dejarla abierta para más adelante.

Puedes responder con algo sencillo y sincero: "De acuerdo, lo respeto. Solo quiero que sepas que, si en algún momento quieres hablar, aquí estoy. Sin presiones. Y mientras tanto, voy a seguir estando cerca".

Con un mensaje así, le transmites que tu apoyo es paciente e incondicional. Y esa, sin duda, es una de las cosas más valiosas que puedes ofrecer.

Acciones concretas para acompañar en el día a día

Una vez que has tenido esa primera conversación, el verdadero apoyo se demuestra en las pequeñas acciones cotidianas. La depresión es agotadora, tanto física como mentalmente. Tareas que antes eran sencillas se convierten en auténticas montañas. Aquí es donde tu ayuda se vuelve tangible y valiosa, no con grandes discursos, sino con gestos prácticos que alivian esa carga invisible.

Una línea punteada conecta una taza de té, unos zapatos para paseo corto y dos personas en un sofá, simbolizando opciones de apoyo.

Tu papel no es el de un sargento que impone una rutina, sino el de una compañía amable que invita, con suavidad, a la acción. El objetivo no es "curar" a la persona a base de actividades, sino combatir el aislamiento, que es uno de los mayores peligros de la depresión.

Proponer actividades de baja energía

Cuando alguien se siente sin una gota de energía, sugerir un plan complejo es totalmente contraproducente. La clave está en proponer actividades que requieran un esfuerzo mínimo pero que ofrezcan un máximo de compañía y conexión con el presente.

Piensa en opciones como estas:

  • Dar un paseo corto: No se trata de hacer deporte, sino de cambiar de escenario. Un paseo de diez minutos a la vuelta de la manzana puede romper la inercia y exponer a la persona a un poco de luz solar, que siempre ayuda.
  • Preparar una bebida caliente: Hacer juntos un té o un café es una actividad simple, con un inicio y un fin claros. Aporta una sensación de normalidad y de cuidado mutuo muy reconfortante.
  • Compartir un espacio en silencio: A veces, lo más sanador es simplemente estar. Proponle ver una película o una serie juntos en el sofá. La presencia física, sin la presión de tener que hablar, es increíblemente poderosa.

Recuerda siempre que lo importante es la compañía, no la actividad en sí. Si rechaza la propuesta, no insistas. Simplemente, hazle saber que la oferta sigue en pie para cuando le apetezca.

Tu presencia es el regalo. No subestimes el poder de estar ahí, en silencio, compartiendo el mismo espacio. A menudo, eso es todo lo que se necesita para que la soledad no se sienta tan abrumadora.

Ofrecer ayuda específica y tangible

La típica frase "avísame si necesitas algo" pone toda la responsabilidad sobre la persona que sufre. Le obliga a identificar qué necesita, a vencer la apatía para pedirlo y a arriesgarse a un "no". La depresión anula la capacidad de hacer todo eso. Por eso, la ayuda específica es infinitamente más efectiva.

Transforma tu ofrecimiento en acciones concretas que la persona solo tenga que aceptar o rechazar con un simple "sí" o "no".

Por ejemplo:

  • En lugar de "¿Necesitas ayuda con la casa?", prueba con: "¿Qué te parece si paso la aspiradora mientras descansas un rato?".
  • En vez de "Si quieres, puedo hacer algo por ti", di: "Voy a hacer la compra, ¿qué te falta? O mejor, te traigo la cena esta noche, ¿te apetece una tortilla?".
  • Si notas que tiene varias cosas pendientes, puedes decir: "He visto que tienes varias citas médicas esta semana. ¿Quieres que te acompañe a la del jueves?".

Este tipo de ayuda libera una carga mental enorme. Le demuestras que te has fijado en sus necesidades reales y que estás dispuesto a actuar, no solo a ofrecer palabras.

La paciencia y la celebración de los microavances

Acompañar a alguien con depresión es un ejercicio de paciencia radical. La recuperación no es una línea recta; está llena de altibajos, con días buenos y otros muy malos. Es fundamental que lo entiendas para no frustrarte ni transmitirle impacencia sin querer.

Celebrar los pequeños logros es una herramienta poderosa, pero hay que hacerlo con delicadeza. Si un día consigue ducharse y vestirse, reconócelo sin una euforia desmedida que pueda generar presión. Un simple "me alegra verte hoy con un poco más de energía" es más que suficiente.

No se trata de aplaudir cada paso como si fuera un hito histórico, sino de validar el esfuerzo inmenso que hay detrás de lo que para otros es una nimiedad. Esto ayuda a reforzar su autoestima y autoconcepto, que suelen estar muy dañados. Precisamente, comprender cómo se entrelazan estos dos pilares es clave, algo que puedes explorar en profundidad en nuestro artículo sobre la relación entre autoestima y autoconcepto.

Adaptar el apoyo al tipo de relación

El modo en que ofreces tu ayuda debe adaptarse inevitablemente al vínculo que os une, ya que las dinámicas y las responsabilidades no son las mismas.

  • Si es tu pareja: La convivencia diaria puede llegar a ser muy desgastante. Es crucial que busquéis espacios de conexión que no giren en torno a la depresión. Intentad recuperar, en su versión más simple, actividades sencillas que disfrutabais juntos. La comunicación sobre cómo os sentís ambos es vital para que la relación no se convierta únicamente en un rol de cuidador-paciente.
  • Si es un amigo o amiga: Tu papel es ofrecer una vía de escape y un soplo de normalidad. Sé esa persona con la que puede hablar de otras cosas que no sean su malestar. Un mensaje de "estoy pensando en ti" sin esperar respuesta, enviarle un meme que te ha hecho gracia o compartir una canción puede ser un pequeño anclaje a la vida que existe fuera de la depresión.
  • Si es un hijo o hija adolescente: Aquí, la paciencia es aún más crucial. Su irritabilidad puede ser mayor y su comunicación, más hermética. Valida sus sentimientos sin juzgar ("entiendo que te sientas así") y mantén la estructura y las rutinas en casa, ya que eso les da seguridad. Propón actividades conjuntas que no requieran mucha conversación, como jugar a un videojuego o ver una película que le guste. Sobre todo, demuéstrale que tu amor es incondicional, independientemente de su estado de ánimo.

Por mucho que quieras a esa persona, y por muy sólida que sea vuestra relación, tu apoyo como amigo, pareja o familiar tiene un límite. Es un pilar fundamental, sí, pero no sustituye las herramientas y la estructura que solo un profesional de la salud mental puede ofrecer. Saber cuándo y, sobre todo, cómo abrir la puerta a la terapia es un paso delicado, pero a menudo, el más importante de todos.

Si has llegado hasta aquí, es posible que sientas el peso del mundo sobre tus hombros, como si todo dependiera de ti. No es así. Tu papel no es ser la solución, sino construir un puente seguro hacia ella.

Identificando las señales de que es hora de buscar ayuda

Hay momentos en los que la situación simplemente supera lo que el cariño y la buena voluntad pueden hacer. Es crucial estar atento a ciertas señales que nos dicen que buscar ayuda profesional ya no es una opción, sino una necesidad.

Presta especial atención si notas que la persona:

  • Habla sobre la muerte o autolesiones: Cualquier comentario, por vago que sea, sobre no querer seguir, ser una carga o hacerse daño, es una emergencia. Hay que tomarlo siempre en serio.
  • Ha abandonado sus responsabilidades por completo: Deja de ir a trabajar, no puede cuidar de sus hijos o ha descuidado su higiene y alimentación de forma continuada.
  • Se aísla de forma extrema: Ya no responde mensajes ni llamadas, se encierra en sí misma y rechaza activamente cualquier intento de contacto.
  • No mejora o incluso empeora con el tiempo: Si a pesar de tu apoyo y del paso de las semanas, su apatía, su energía y su estado de ánimo siguen en caída libre.

Esto ya no son "malas rachas". Son indicadores claros de que la depresión ha tomado el control y se necesita una estrategia profesional para recuperarlo.

El arte de plantear la conversación

La forma en que sugieres la idea de ir a terapia puede ser la diferencia entre un portazo y una puerta que se abre. Olvídate por completo de frases que suenan a orden, como "Necesitas ir al psicólogo". Esto se interpreta casi siempre como un juicio, como si le estuvieras diciendo: "Estás roto y yo ya no sé qué hacer contigo".

El enfoque tiene que nacer de la empatía y la colaboración.

Ir a terapia no es reconocer una derrota, sino un acto de valentía y de amor propio. Tu misión es presentárselo como lo que realmente es: una herramienta potentísima para volver a tomar las riendas.

Intenta plantearlo desde tu propia preocupación y ofreciendo ayuda tangible. Por ejemplo: "He notado lo mucho que estás sufriendo últimamente, y me parte el alma verte así. He pensado que quizás hablar con alguien profesional podría darte herramientas que yo, con todo mi cariño, no tengo. ¿Qué te parece si buscamos algunas opciones juntos?".

Ese pequeño cambio del "tú necesitas" al "buscamos juntos" lo cambia todo. Dejas de ser alguien que señala un problema para convertirte en un compañero en la búsqueda de soluciones.

Desmontando mitos y ofreciendo apoyo práctico

El estigma sobre la salud mental, aunque cada vez es menor, sigue ahí. Mucha gente siente vergüenza o miedo a lo desconocido. Puedes ayudar a normalizar la situación explicando qué hace cada profesional o qué tipos de terapia existen.

  • Un psicólogo trabaja con la palabra, dándote estrategias prácticas para gestionar tus pensamientos y emociones.
  • Un psiquiatra es un médico que, si lo ve necesario, puede recetar medicación, casi siempre como un apoyo a la terapia psicológica.

El apoyo práctico en este punto es oro puro. Cosas tan simples como ofrecerte a buscar psicólogos por la zona, ayudarle a filtrar por especialidad o incluso sentarte a su lado mientras pide la primera cita pueden derribar las enormes barreras que levanta la apatía de la depresión.

La situación en España nos muestra lo urgente que es dar este paso. Datos recientes indican que un 54,7% de los jóvenes ha sufrido problemas de salud mental en el último año, y los cuadros depresivos se han triplicado. Animar a alguien a buscar ayuda es más crucial que nunca. Si quieres conocer más a fondo las estadísticas sobre salud mental en España, te ayudará a entender la magnitud del problema. Y un último gesto: acompañarle a la primera consulta puede ser una de las muestras de apoyo más poderosas que puedes ofrecer.

El cuidador también necesita cuidados: cómo proteger tu salud mental

Acompañar a alguien con depresión es un maratón, no un esprint. Y si no te cuidas por el camino, es muy difícil que llegues a la meta. Esta última parte del artículo es para ti: la persona que sostiene, escucha y acompaña. Quiero que te quede algo muy claro: tu bienestar no es un lujo, es una necesidad absoluta para poder seguir ayudando de forma sostenible.

He visto en mi consulta a muchas parejas y familiares completamente desbordados. Su capacidad de entrega es admirable, pero a menudo se olvidan de sí mismos en el proceso. Cuidarte no es ser egoísta, al contrario, es la acción más estratégica que puedes tomar.

Establecer límites sanos

Una de las tareas más difíciles, pero también de las más importantes, es aprender a diferenciar entre apoyar y asumir responsabilidades que no te corresponden. Apoyar es ofrecerte a hacer la compra un día que lo necesita; sobrecargarte es acabar haciéndote cargo de todas las tareas del hogar de forma indefinida.

Aquí tienes algunas pautas para empezar a proteger tu energía:

  • Define tu papel: No eres su terapeuta. Tu función es ser su pareja, su amigo o su familiar. Deja que los profesionales hagan su trabajo, es fundamental para todos.
  • Protege tu tiempo: Es vital que sigas manteniendo tus propias aficiones, tus espacios y tu gente. Ir al gimnasio, quedar con tus amigos o simplemente tener una hora para leer no es una traición, es una recarga de energía que necesitas como el aire.
  • Comunica tus necesidades: Tienes todo el derecho del mundo a sentirte cansado, frustrado o triste. Es importante que puedas expresar tus propios sentimientos a alguien de confianza, fuera de la relación con la persona a la que cuidas.

No puedes servir agua de una jarra vacía. Atender tus propias necesidades físicas y emocionales no solo te protege del agotamiento, sino que te convierte en un apoyo mucho más presente y eficaz a largo plazo.

Gestionar la frustración y el agotamiento

Es totalmente normal que aparezcan sentimientos de frustración o impotencia. Habrá días en los que te parecerá que nada de lo que haces funciona, y eso es increíblemente duro. Reconocer tus propias señales de agotamiento es el primer paso para poder actuar antes de quemarte.

Si empiezas a notar irritabilidad constante, problemas para dormir, apatía o un cansancio que no se va ni durmiendo diez horas, son tus alarmas personales. Es el momento de parar y pedir ayuda para ti.

Valora la posibilidad de hablar con un psicólogo o unirte a un grupo de apoyo para cuidadores. Compartir lo que estás viviendo con otras personas que entienden exactamente por lo que pasas puede ser un alivio inmenso. Recuerda, para poder mantener a flote a alguien, primero tienes que asegurarte de que tú no te hundes.

Preguntas frecuentes sobre el apoyo en la depresión

Para terminar, quiero responder directamente a algunas de las preguntas que más me hacéis en consulta. Son dudas muy comunes y cargadas de angustia que surgen cuando, como tú, estáis intentando sostener a alguien que lo está pasando mal. Mi intención es darte respuestas claras que te traigan un poco de calma y seguridad.

¿Qué hago si rechaza mi ayuda o directamente niega que le pase algo?

Esta es, sin duda, una de las situaciones más frustrantes y dolorosas. Lo primero que necesitas entender es que esa negación o ese rechazo no son algo personal contra ti. A menudo, son un mecanismo de defensa, una manifestación más de su propio dolor.

Intentar convencerle a la fuerza o entrar en un debate sobre si tiene o no un problema solo levantará más barreras. Créeme, no funciona.

Lo más potente que puedes hacer es dejar la puerta abierta, sin condiciones.

"Entiendo y respeto cómo te sientes. Solo quiero que sepas que estoy aquí para ti, sin juicios, por si algún día cambias de opinión o simplemente necesitas a alguien a tu lado. Mi oferta de ayuda no caduca".

Sigue presente, pero de una forma sutil, con pequeños gestos que no exijan una gran respuesta por su parte. Déjale una nota amable, envíale un mensaje corto sin esperar contestación o prepárale su comida favorita. A veces, las acciones demuestran mucho más que las palabras que tu apoyo es una constante, no una exigencia. Dale tiempo para procesarlo todo y sentirse en un espacio seguro para poder pedir ayuda.

¿Es mi culpa que mi pareja o familiar tenga depresión?

No. Rotundamente no. Esta es una pregunta que escucho constantemente y que siempre viene acompañada de una enorme carga de angustia.

La depresión es una condición de salud mental increíblemente compleja. Influyen factores biológicos, genéticos, psicológicos, sociales… Nunca, jamás, es culpa de una sola persona.

Es muy natural que sientas ese peso, sobre todo en relaciones tan cercanas, pero es fundamental que interiorices que tú no has causado su depresión. Tu papel es el de acompañar y sostener, no el de cargar con una responsabilidad que no te pertenece. Liberarte de esa culpa no solo es vital para proteger tu propia salud mental, sino que te permitirá ayudar de una forma mucho más sana y eficaz.

¿Cuánto va a tardar en recuperarse?

Ojalá tuviera una respuesta concreta para esto, pero no existe un calendario para la recuperación. El camino es único para cada persona y casi nunca es una línea recta hacia arriba. Habrá semanas de avances que te llenarán de esperanza, seguidas de baches que pueden ser muy desconcertantes.

La duración depende de muchísimas cosas: la gravedad de los síntomas, el tipo de tratamiento que esté recibiendo, su red de apoyo, sus circunstancias personales…

Tu mayor superpoder aquí será la paciencia. Evita a toda costa presionar con preguntas como "¿Ya estás mejor?". En lugar de eso, céntrate en el día a día: "¿Cómo estás hoy?". Celebra los pequeños logros, como que haya conseguido salir a dar un paseo o se haya duchado, sin crear la expectativa de que la recuperación total está a la vuelta de la esquina.

Trabajemos juntos

Para escucharte, apoyarte y dotarte de nuevas estrategias que estimulen todo tu potencial, aquí estoy. Estoy disponible tanto para terapia presencial en Las Palmas como para sesiones online.

Para dudas concretas, puedes enviarme un email.


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