Guía práctica para vivir el presente y reconectar con el ahora

Vivir el presente es, sencillamente, anclar tu conciencia en el aquí y ahora. Significa observar lo que piensas y sientes sin juzgarlo, sin dejarte arrastrar. No se trata de ignorar el pasado o el futuro, sino de dejar de vivir en ellos para centrarte por completo en el único momento que de verdad existe: este.

Por qué nos cuesta tanto vivir el presente

Ilustration que representa a una persona meditando para vivir plenamente el presente, evitando distracciones del pasado y futuro.

Soy Irene Arnás, psicóloga, y a diario veo en mi consulta cómo nuestras mentes viajan sin parar entre dos destinos: los "y si..." del futuro y los "debería haber..." del pasado. Esta desconexión constante con el ahora es una fuente enorme de malestar, especialmente para quienes conviven con la ansiedad.

Aunque la idea de "vivir el presente" pueda sonar a cliché de taza de desayuno, en realidad es una de las habilidades más cruciales para nuestro bienestar emocional. Y, sin embargo, nos resulta increíblemente difícil. ¿Por qué se nos escapa tanto?

La trampa del piloto automático

Si lo piensas, gran parte de nuestro día transcurre en "piloto automático". Conducimos al trabajo, preparamos la cena o respondemos correos electrónicos sin prestar ni una pizca de atención real a lo que estamos haciendo. Nuestra mente está en otro lado, planificando la siguiente tarea o dándole vueltas a una conversación de ayer.

Este estado de desconexión nos roba la capacidad de disfrutar de las pequeñas cosas: el sabor del primer café de la mañana, el abrazo de un ser querido o el sonido de la lluvia. Es como ver la vida pasar a través de una ventana empañada, sin sentirla de verdad. Cuando la ansiedad está presente, este piloto automático se convierte en un refugio peligroso que nos desconecta de nuestras propias sensaciones y necesidades.

El secuestro de la ansiedad y la rumiación

Nuestra mente está diseñada para anticipar amenazas y aprender de errores pasados. Es un mecanismo de supervivencia que nos ha sido muy útil a lo largo de la evolución. El problema es que, en el mundo moderno y especialmente cuando hay un trastorno de ansiedad, este sistema a menudo se pasa de rosca.

  • La preocupación por el futuro: La ansiedad nos arrastra a escenarios catastróficos que ni siquiera han ocurrido. Nos agobiamos por el trabajo, la salud o el dinero, viviendo en un estado de alerta que nos agota.
  • La rumiación sobre el pasado: Nos quedamos atrapados en bucles de pensamiento, analizando una y otra vez errores o heridas antiguas. Esto solo sirve para alimentar sentimientos de culpa, rencor o una profunda tristeza.

La ansiedad es experta en secuestrar nuestra atención, proyectando miedos sobre el mañana e impidiéndonos habitar el único lugar donde podemos encontrar calma: el ahora.

"Vivir el presente no significa que no te importe el futuro. Significa que entiendes que la única forma de construir un buen futuro es cuidando el momento presente con toda tu atención."

Este desafío se acentúa en nuestro contexto social. En España, el Indicador Multidimensional de Calidad de Vida (IMCV) del INE alcanzó los 101,47 puntos, reflejando una mejora general. Sin embargo, mientras dimensiones como la salud mejoraron, aspectos como el ocio, las relaciones sociales y la experiencia vital empeoraron ligeramente. En regiones como Canarias, donde resido, la calidad de vida está entre las más bajas, lo que subraya la importancia de vivir el presente para contrarrestar los retos que alimentan la ansiedad.

Para las personas con las que trabajo, enfocarse en el ahora fortalece la autoestima y ayuda a gestionar la incertidumbre, algo crucial en un país donde el 20,4% de la población supera los 65 años. Si te interesa, puedes leer más sobre estos datos en el estudio completo del INE.

La sobrecarga de estímulos

Vivimos en un entorno diseñado para secuestrar nuestra atención. Las notificaciones del móvil, el bombardeo incesante de noticias y las redes sociales nos entrenan para la distracción constante. Esta sobreestimulación fragmenta nuestra capacidad de concentración y nos acostumbra a saltar de una cosa a otra sin profundizar en nada. Para una mente con tendencia a la ansiedad, este ruido externo es combustible para la preocupación y el desasosiego.

Volver al presente requiere un esfuerzo consciente. Hay que aprender a desconectar del ruido externo para reconectar con nuestro mundo interior. En las siguientes secciones, te daré herramientas prácticas para empezar a hacer precisamente eso.

A veces no somos conscientes de hasta qué punto estamos desconectados. Esta tabla puede ayudarte a identificar algunas señales en tu día a día.

Tabla de autoevaluación: Señales de que no estás viviendo en el presente

Señal o comportamientoCómo se manifiesta en tu día a díaImpacto emocional y relacional
Multitarea constanteIntentas hacer varias cosas a la vez (comer mientras trabajas, escuchar un podcast mientras contestas emails).Sientes que nunca terminas nada, aumenta el estrés y cometes más errores. Genera frustración en los demás porque no sienten tu atención plena.
Preocupación excesivaTu mente está siempre anticipando problemas futuros, creando escenarios negativos sobre el trabajo, la familia o la salud.Vives con una ansiedad de fondo constante, te cuesta relajarte y disfrutar. Tus seres queridos pueden sentir que siempre estás tenso/a.
Revisar el pasadoLe das vueltas una y otra vez a conversaciones pasadas, errores cometidos o decisiones que tomaste, pensando en "lo que deberías haber hecho".Te sientes culpable, triste o resentido/a. Sacas temas antiguos en discusiones actuales, lo que impide resolver los problemas presentes.
Uso compulsivo del móvilLo primero y lo último que haces en el día es mirar el móvil. Lo usas para "rellenar" cualquier momento de pausa o silencio.Te sientes desconectado/a de tu entorno y de ti mismo/a. Afecta a la calidad del sueño y a la intimidad en tus relaciones.
Comer sin prestar atenciónComes de forma automática, sin saborear la comida, a menudo de pie o delante de una pantalla.No disfrutas de la comida, puedes comer más de la cuenta y tener malas digestiones. Pierdes una oportunidad de conectar contigo mismo/a.
No escuchar realmenteMientras alguien te habla, tu mente ya está pensando en qué vas a responder o en otra cosa completamente distinta.La otra persona no se siente escuchada ni valorada, lo que daña la conexión y la confianza en la relación.

Si te reconoces en varias de estas señales, no te preocupes. Es algo increíblemente común, sobre todo cuando la ansiedad forma parte de tu vida. Lo importante es tomar conciencia de ello, porque ese es el primer paso para empezar a cambiarlo.

Trabajemos juntos

Estoy disponible tanto para terapia presencial en Las Palmas como para sesiones online.

Ejercicios de mindfulness para anclarte en el momento

Ilustración de prácticas de atención plena: respiración consciente, escaneo corporal y activación de los cinco sentidos.

Ahora que entendemos mejor por qué nuestra mente tiende a viajar al pasado o al futuro, es hora de pasar a la acción. Voy a guiarte a través de varios ejercicios muy sencillos de mindfulness y grounding que puedes empezar a usar hoy mismo, sin necesidad de experiencia previa.

Mucha gente cree que el mindfulness consiste en sentarse a meditar durante horas en silencio, pero nada más lejos de la realidad. Se trata de pequeñas anclas que puedes usar en cualquier momento para volver al aquí y ahora. El objetivo no es dejar la mente en blanco, sino aprender a observar tus pensamientos y sensaciones sin que te arrastren, algo especialmente útil para calmar la ansiedad.

La respiración consciente de un minuto

Este es, probablemente, el ejercicio más simple y potente que existe. Puedes hacerlo en tu escritorio, en el coche antes de entrar en casa o incluso en mitad de una reunión que te está superando. Tu respiración es el ancla más fiable que tienes porque, sencillamente, siempre está contigo.

¿Cómo lo hacemos?

  1. Busca una postura cómoda. Si puedes, siéntate con la espalda recta pero relajada. Cierra los ojos si te sientes a gusto, o simplemente baja la mirada.
  2. Lleva tu atención a la respiración. Sin intentar cambiarla, solo nota cómo el aire entra por tu nariz y cómo sale. Siente cómo se expande tu abdomen o tu pecho con cada inhalación.
  3. Cuenta las respiraciones. Inhala (uno), exhala (uno). Inhala (dos), exhala (dos). Continúa hasta llegar a diez y, si quieres, vuelve a empezar. Si la mente se va a otra cosa (que lo hará), nótalo con amabilidad y redirige tu atención de nuevo al aire que entra y sale.

Este ejercicio es increíblemente útil en momentos de anticipación ansiosa. Por ejemplo, antes de una presentación importante, tomarte solo un minuto para respirar puede cambiar por completo tu estado emocional. Te permite afrontar la situación desde la calma en lugar de la reactividad.

El escaneo corporal para liberar tensiones

Cuando vivimos atrapados en la mente ansiosa, es muy fácil desconectar del cuerpo. A menudo no notamos el nudo en el estómago, los hombros pegados a las orejas o la mandíbula apretada hasta que el malestar es ya muy evidente. El escaneo corporal nos ayuda a reconectar y a soltar esa tensión acumulada.

Puedes hacerlo tumbado antes de dormir o sentado en una silla. La idea es llevar tu atención, de forma secuencial, a cada parte de tu cuerpo, empezando por los dedos de los pies y subiendo hasta la cabeza. Al pasar por cada zona (tobillos, rodillas, muslos...), simplemente nota las sensaciones: calor, frío, contacto con la ropa, hormigueo, tensión... No intentes cambiar nada, solo observa con curiosidad.

Para muchas personas que luchan con la ansiedad, este ejercicio es una revelación. Descubren que gran parte de su malestar físico está ligado a tensiones que mantenían de forma inconsciente. Si te cuesta gestionar el estrés diario, puedes aprender mucho más sobre cómo dominar tus emociones y controlar la ansiedad en este otro artículo.

En mi consulta, he visto cómo el escaneo corporal ayuda a las personas a identificar las primeras señales físicas de la ansiedad, dándoles la oportunidad de intervenir antes de que la sensación se desborde.

El ejercicio de los 5 sentidos para volver a tierra

Esta es una técnica de grounding (o anclaje) potentísima, ideal para momentos de agobio, pánico o sobrecarga sensorial. Te saca de tu cabeza y te planta de golpe en la realidad a través de tus sentidos.

Es tan simple como hacer una pausa y nombrar mentalmente:

  • 5 cosas que puedes ver: la lámpara de tu mesa, una grieta en la pared, el color de tu ropa, una planta, el reflejo en la ventana.
  • 4 cosas que puedes sentir: la textura de la silla bajo tus piernas, la suavidad de tu jersey, la temperatura del aire en tu piel, el peso de tus pies en el suelo.
  • 3 cosas que puedes oír: el zumbido del ordenador, el tráfico a lo lejos, el sonido de tu propia respiración.
  • 2 cosas que puedes oler: el aroma del café, el perfume de un ambientador o simplemente el olor neutro de la habitación.
  • 1 cosa que puedes saborear: el regusto de tu última bebida o simplemente la sensación de tu propia saliva en la boca.

Este ejercicio es una herramienta de regulación fundamental cuando sientes que la ansiedad empieza a escalar. Es una forma práctica y respetuosa de vivir el presente justo cuando el presente se siente demasiado abrumador.

Cómo romper el círculo vicioso de la preocupación y la rumiación

Ilustración sobre la rumiación y la preocupación que alejan del presente y vivir el aquí y ahora.

Vivir el presente va mucho más allá de simplemente anclarnos en el ahora. Implica entrenar a nuestra mente para que deje de engancharse a esos bucles de pensamiento que nos secuestran. Son viejos conocidos en mi consulta de psicología, especialmente en el tratamiento de la ansiedad: la preocupación por lo que está por venir y la rumiación sobre lo que ya fue.

Aunque muchas veces los metemos en el mismo saco, es fundamental saber distinguirlos. La preocupación es como un proyector de cine mental que no para de emitir películas catastróficas sobre lo que podría pasar. En cambio, la rumiación funciona como un disco rayado que repite una y otra vez errores, ofensas o conversaciones del pasado.

Ambos son hábitos mentales. Y la buena noticia es que, como cualquier hábito, se pueden transformar con las estrategias adecuadas, muchas de ellas extraídas de la terapia cognitivo-conductual.

Identifica a tus ladrones de presente

El primer paso, siempre, es la conciencia. No puedes cambiar un patrón de pensamiento si ni siquiera sabes que lo tienes. Estos pensamientos, que a menudo llamamos pensamientos automáticos, son tan rápidos y fugaces, y los hemos repetido tantas veces, que se cuelan sin que nos demos cuenta.

Ponte en situación: tienes una entrevista de trabajo importante. La preocupación podría manifestarse así: "Seguro que hago el ridículo. Notarán que no estoy preparado. ¿Y si me bloqueo con una pregunta? Me quedaré sin trabajo".

O piensa en una discusión que tuviste anoche. La rumiación sonaría más o menos así: "No debería haber dicho eso. Ahora seguro que está enfadado/a conmigo. Tendría que haber respondido de otra manera. Es que siempre lo estropeo todo".

Para empezar a cazarlos, te propongo un ejercicio muy sencillo. Coge una libreta pequeña o usa las notas del móvil y, durante un día, apunta cualquier pensamiento que te genere ansiedad o tristeza. No lo juzgues, solo regístralo. Al final del día, te sorprenderá la cantidad de estos "ladrones de presente" que te han visitado.

Cuestiona tus pensamientos como un detective

Una vez que has puesto el foco sobre un pensamiento automático, el siguiente movimiento es cuestionarlo. Ojo, no se trata de decirte "no pienses en eso", porque eso solo le da más fuerza. La clave está en ponerlo en duda, en analizarlo con objetividad, como si fueras un detective buscando pruebas que lo sostengan.

Puedes hacerte preguntas de este tipo:

  • ¿Qué pruebas tengo de que este pensamiento es 100% cierto?
  • ¿Existe alguna otra forma de interpretar esta situación?
  • ¿Qué es lo peor que podría pasar? ¿Y podría sobrevivir a ello?
  • Si un buen amigo me contara que tiene este mismo pensamiento, ¿qué le diría?

Por ejemplo, una persona con ansiedad social que está a punto de ir a una fiesta podría pensar: "Todo el mundo me va a juzgar y pensarán que soy un aburrido". Al pasarlo por este filtro, podría llegar a conclusiones mucho más realistas: "Realmente no puedo saber lo que piensan los demás. Probablemente la mayoría estará más pendiente de sí misma que de mí. Y aunque alguien piense eso, ¿cambiaría mi vida de forma radical?".

Este proceso no hace que la ansiedad desaparezca por arte de magia, pero le resta muchísimo poder al pensamiento y crea una distancia muy saludable entre tú y lo que tu mente te cuenta.

La rumiación es uno de los motores de la ansiedad. Traer constantemente reproches del pasado a una situación actual es como intentar construir una casa sobre cimientos que se mueven. La única forma de encontrar paz es... manteniéndose en el presente.

La técnica del "tiempo de preocupación"

Una de las herramientas más potentes que enseño en terapia para gestionar la ansiedad es la de programar un "tiempo para preocuparse". Sé que suena contraintuitivo, pero funciona de maravilla para contener la preocupación y evitar que se adueñe de todo tu día.

Funciona así:

  1. Elige un momento y un lugar. Fija 15 minutos al día (¡ni uno más!) para dedicarte en exclusiva a preocuparte. Siempre a la misma hora y en el mismo sitio. Por ejemplo, en el salón de 19:00 a 19:15.
  2. Aplaza la preocupación. Durante el resto del día, cada vez que aparezca un pensamiento preocupante, reconócelo y dile: "Gracias por aparecer, mente. Ahora no es el momento. Te atenderé a las 19:00 en mi tiempo de preocupación". Y vuelve a centrar tu atención en lo que estabas haciendo.
  3. Preocúpate a fondo. Cuando llegue tu momento, siéntate y da rienda suelta a todas esas preocupaciones que has ido "guardando". Dales vueltas, analízalas, escribe sobre ellas si te ayuda.
  4. Corta al terminar. En cuanto suene la alarma de los 15 minutos, para en seco. Levántate y ponte a hacer otra cosa inmediatamente.

Con la práctica, muchas personas descubren que, cuando llega la hora de preocuparse, muchos de esos pensamientos que parecían tan urgentes durante el día han perdido toda su fuerza o, directamente, ya ni les parecen importantes. Esta técnica te devuelve el control y te demuestra que no tienes por qué ser esclavo de tus pensamientos ansiosos.

Este tipo de estrategias son hoy más necesarias que nunca. En un contexto donde la esperanza de vida en España ha alcanzado un récord de 84,01 años, la pregunta ya no es solo cuánto viviremos, sino cómo. Si el 79% de los españoles anticipa un encarecimiento de la vida, la preocupación por el futuro puede ser abrumadora. Las herramientas para vivir el presente se vuelven cruciales para disfrutar de una vida plena, en lugar de solo sobrevivir esperando un mañana incierto. Si quieres profundizar en estos datos, puedes encontrar más información sobre la esperanza de vida y la natalidad en España.

Aplica la atención plena en tus relaciones de pareja y familia

Ilustración de tres escenas que promueven vivir el presente: una pareja caminando, una cena sin distracciones y una madre con su hijo.

Las herramientas que hemos visto no solo sirven para calmar nuestro mundo interior. Su verdadero poder se despliega cuando las llevamos a nuestras relaciones más importantes. En mi consulta, veo a diario cómo muchos conflictos de pareja o familiares no surgen de grandes dramas, sino de la suma de pequeños momentos de desconexión, a menudo alimentados por la ansiedad de uno o ambos miembros.

Cuando no estamos presentes, no escuchamos. Simplemente reaccionamos en piloto automático, a menudo trayendo heridas del pasado a conversaciones del presente. Practicar la atención plena en nuestras relaciones nos da la oportunidad de romper ese ciclo y empezar a construir vínculos mucho más auténticos, desde el aquí y el ahora.

La escucha consciente: el superpoder de las parejas conectadas

Escuchar no es esperar tu turno para hablar. La escucha que de verdad sana y conecta exige toda tu presencia. Es ofrecerle a la otra persona el regalo de tu atención completa, sin juicios ni distracciones.

Piensa en una discusión de pareja. Es muy probable que, mientras el otro habla, tu mente esté a mil por hora: preparando la defensa, buscando un contraataque o rescatando un error del pasado para lanzarlo como un dardo. Eso no es comunicación. Es un combate. La ansiedad puede hacer que interpretemos comentarios neutros como ataques, escalando el conflicto innecesariamente.

La escucha activa y consciente es la base para transformar la comunicación en cualquier relación. Cuando tu pareja o tu hijo se siente genuinamente escuchado, la necesidad de estar a la defensiva disminuye y se abre un espacio para la vulnerabilidad y la comprensión mutua.

Para empezar a cultivar esta habilidad, te animo a profundizar en los fundamentos de la escucha activa y su definición en nuestro artículo detallado. Es un primer paso fundamental que puede cambiar por completo la dinámica de vuestras conversaciones.

Ejercicios prácticos para hacer juntos

Integrar pequeñas prácticas de mindfulness en la rutina no tiene por qué ser complicado. No se trata de grandes gestos, sino de crear pequeñas islas de conexión en el ajetreo del día a día.

Aquí te dejo algunas ideas muy sencillas:

  • Paseo consciente: La próxima vez que salgáis a caminar, probad a hacerlo en silencio durante los primeros diez minutos. Dedicad ese tiempo solo a sentir: el aire en la piel, el sonido de los pasos, los colores del entorno. Al terminar, compartid qué habéis notado. Es un ejercicio sorprendentemente revelador.
  • Cena sin distracciones: Proponed una cena a la semana (o al día, si os atrevéis) sin pantallas. Nada de móviles en la mesa, ni la tele de fondo. El único foco es la comida y la conversación. Se trata de saborear los alimentos y, sobre todo, la compañía.
  • Agradecimiento diario: Justo antes de dormir, compartid tres cosas por las que os sentís agradecidos de ese día. Puede ser algo personal o algo que agradecéis del otro. Este simple hábito cambia el foco de lo que falta a lo que sí tenemos, fortaleciendo el aprecio mutuo.

Estos pequeños rituales ayudan a vivir el presente en compañía, tejiendo poco a poco una red de seguridad emocional donde todos se sienten vistos y valorados.

Atención plena cuando la ansiedad entra en casa

Cuando uno o más miembros de la familia viven con ansiedad, la atención plena no es un lujo; es una herramienta de supervivencia emocional. Los miedos y preocupaciones pueden ser contagiosos y crear un ambiente de tensión constante.

Si tu pareja o tu hijo está teniendo un momento de ansiedad intensa, tu propia respuesta emocional es la pieza clave. Si reaccionas desde tu propio estrés, en piloto automático, es casi seguro que la situación escalará.

En cambio, si logras hacer una pausa, tomar una sola respiración consciente y observar tu propia reacción interna, puedes elegir responder desde la calma. Desde la conexión. Esto no significa que no te vayas a sentir abrumado. ¡Claro que sí! Significa que aprendes a no dejarte secuestrar por esa emoción. La atención plena te permite ser el ancla que la otra persona necesita en medio de su tormenta.

Este enfoque se vuelve aún más relevante en contextos sociales complejos. Por ejemplo, en Canarias, donde resido, aunque la calidad de vida es alta, también existen retos económicos y sociales. A pesar de que España superó los 49 millones de habitantes, con un crecimiento notable en las islas, los datos muestran que las relaciones sociales se han visto afectadas. Para las familias y parejas que acompaño en Las Palmas, enfocarse en el presente es vital para gestionar la ansiedad y fortalecer los vínculos en un entorno de cambio constante.


¿Cuándo buscar ayuda profesional para conectar con el presente?

Hasta ahora hemos visto herramientas muy potentes de mindfulness, hemos explorado cómo desafiar esos pensamientos en bucle y has visto formas de aplicar la atención plena en tus relaciones. Estos recursos son un punto de partida excelente y, para muchas personas, son más que suficientes para empezar a vivir el presente con mayor plenitud.

Sin embargo, a veces la dificultad para anclarse en el ahora no es solo un mal hábito, sino la punta del iceberg de algo más profundo. Patrones de ansiedad, heridas del pasado o síntomas depresivos pueden estar tan arraigados que se necesita un acompañamiento profesional para poder desmontarlos.

Señales de que necesitas un apoyo extra

No siempre es fácil saber cuándo ha llegado el momento de pedir ayuda. Si te reconoces en varias de las siguientes situaciones, podría ser una señal clara de que la terapia podría beneficiarte enormemente:

  • Interferencia en tu vida diaria: Notas que la incapacidad para concentrarte en el presente está afectando de forma significativa a tu trabajo, a tus estudios o a tus relaciones más importantes.
  • Malestar emocional constante: Sientes una ansiedad, tristeza o irritabilidad persistente que no mejora por mucho que lo intentes por tu cuenta.
  • Aislamiento social: Te encuentras evitando situaciones sociales o el contacto con tus seres queridos porque te sientes completamente abrumado/a por tus pensamientos.
  • Agotamiento mental: La lucha constante contra tus propias preocupaciones te deja mental y físicamente sin energía.

Reconocer esto no es un signo de debilidad, sino todo lo contrario. Son indicadores de que estás cargando con un peso demasiado grande para llevarlo en solitario. Un psicólogo puede ofrecerte un espacio seguro y herramientas específicas para entender qué hay realmente detrás de esa desconexión con el presente.

Pedir ayuda no es rendirse. Es el acto de autocuidado más valiente que puedes hacer por ti, un reconocimiento de que mereces sentirte mejor y que no tienes por qué encontrar todas las respuestas sin compañía.

Desde mi experiencia, la desconexión con el ahora está muy ligada a trastornos como la ansiedad generalizada o la depresión. De hecho, la dificultad para disfrutar del momento presente es un síntoma clave en muchos cuadros depresivos. Si quieres profundizar en este tema, puedes leer esta guía sobre cómo ayudar a alguien con depresión para entender mejor estas dinámicas.

Mi enfoque para ayudarte a reconectar

En mi consulta, tanto online como presencial en Las Palmas, trabajo desde un enfoque que llamo "Henko", una palabra japonesa que significa cambio transformador y profundo. Mi objetivo no es otro que ayudarte a explorar las raíces de esa desconexión, creando un plan totalmente personalizado para ti.

Juntos, identificaremos los patrones que te mantienen anclado/a al pasado o con la vista puesta en un futuro que te genera ansiedad. A partir de ahí, desarrollaremos estrategias hechas a tu medida para que recuperes el control de tu atención y, sobre todo, de tu bienestar.

Dar el paso de buscar terapia es una inversión en ti. Si sientes que ha llegado tu momento, estaré aquí para acompañarte en este proceso de reconexión.

Preguntas frecuentes sobre cómo vivir el presente

Como psicóloga, una de las conversaciones más recurrentes que tengo en consulta gira en torno a qué significa realmente vivir el presente. Es una idea que todos hemos escuchado mil veces, pero que, en la práctica, suele generar más dudas que certezas. Por eso, he querido recopilar aquí las inquietudes más comunes que me plantean mis pacientes, para darles una respuesta directa y basada en la experiencia del día a día.

¿Vivir el presente significa no pensar nunca en el futuro?

Esta es, sin duda, la confusión número uno. Y es crucial aclararla. Vivir el presente no es sinónimo de abandonar la planificación o darle la espalda al futuro. De hecho, es justo lo contrario. Se trata de entender que la única forma de construir un futuro que te guste es actuando en el único momento que tienes poder real: ahora mismo.

La clave está en cómo nos relacionamos con ese futuro. Hay una diferencia abismal entre planificar y preocuparse.

  • Planificar desde el presente: Esto es constructivo. Implica marcarte objetivos y dar los pasos concretos, hoy, para llegar a ellos. Es una acción consciente.
  • Preocuparse por el futuro: Esto es destructivo. Consiste en vivir mentalmente en escenarios hipotéticos, casi siempre negativos, que aún no han pasado. Esto solo genera ansiedad, te agota y te impide actuar con eficacia.

"Planificar es traer el futuro al presente para que puedas hacer algo al respecto ahora. Preocuparse es irse a vivir al futuro y quedarse atrapado allí." - Anónimo

¿Si tengo ansiedad, es más difícil para mí vivir el presente?

Sí, no podemos negarlo. Los trastornos de ansiedad presentan desafíos muy concretos. Si convives con la ansiedad, tu sistema nervioso está en alerta constante, escaneando el horizonte en busca de posibles amenazas, lo que te saca de raíz del momento actual.

Pero que sea más difícil no significa que sea imposible. De hecho, para personas con ansiedad, las prácticas de mindfulness y atención plena no son un simple extra, sino una herramienta de regulación fundamental. Aprender a anclarte en tu respiración o en lo que captan tus sentidos te da una especie de "botón de pausa" mental. Te permite calmar la tormenta interna de la ansiedad, aunque solo sea por unos instantes. Con la práctica, te aseguro que esos instantes se van haciendo cada vez más largos.

¿Cómo puedo practicar la atención plena si mi vida es un caos?

Entiendo perfectamente esta sensación. Trabajos que no perdonan, responsabilidades familiares, la lista de la compra... La idea de "añadir" otra tarea más, como meditar, puede sonar a broma pesada. Pero aquí está el cambio de chip: la atención plena no es otra cosa que añadir a tu lista de tareas pendientes. Es una forma diferente de hacer las tareas que ya tienes en esa lista.

No necesitas sentarte media hora en un cojín. La magia está en integrarlo en tu rutina de formas casi invisibles:

  • Mientras te duchas: En vez de planificar el día mentalmente, concéntrate de verdad en la sensación del agua en tu piel, el olor del gel, el sonido.
  • Con el primer café del día: Tómate dos minutos para saborearlo de verdad. Sin móvil, sin pensar en nada más. Nota el aroma, la temperatura, el sabor en la boca.
  • De camino al coche o al metro: Siente cómo apoyas los pies en el suelo con cada paso, nota el aire en la cara, escucha los sonidos de la calle.

Se trata de encontrar estos pequeños anclajes en tu día, no de revolucionar tu agenda. Estas microdosis de presencia tienen un efecto potentísimo para bajar el ritmo del estrés y reconectar contigo.

¿Se supone que debo estar feliz todo el tiempo si vivo en el presente?

Rotundamente no. Y es importante que esto quede claro. Vivir en el presente no es un estado de felicidad artificial y constante. Es un estado de realidad y aceptación. Significa estar presente para todo el abanico de la experiencia humana, lo que incluye, por supuesto, la tristeza, el enfado, la frustración o el miedo.

La gran diferencia es que, en lugar de dejar que esas emociones te secuestren y te arrastren a una espiral de pensamientos, aprendes a observarlas con cierta distancia y sin juzgarlas. En vez de fusionarte con la emoción y pensar "soy una persona triste", aprendes a reconocer que "ahora mismo, estoy sintiendo tristeza". Ese pequeño espacio lo cambia todo. Te permite sentir la emoción sin que te defina, dándote la oportunidad de responder de forma consciente en lugar de reaccionar en piloto automático. En esencia, es aprender a estar contigo, con todo lo que eres y sientes en cada momento.


Te ofrezco un espacio seguro y profesional donde explorar estas y otras cuestiones. Mi objetivo es ayudarte a encontrar las herramientas que mejor se adapten a ti para que puedas reconectar con tu presente y mejorar tu bienestar. Si sientes que necesitas acompañamiento en este camino, reserva tu cita conmigo.

Trabajemos juntos

Para escucharte, apoyarte y dotarte de nuevas estrategias que estimulen todo tu potencial, aquí estoy. Estoy disponible tanto para terapia presencial en Las Palmas como para sesiones online.

Para dudas concretas, puedes enviarme un email.


  • Bonita la gente que es diferente — Jarabe de Palo

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