Como saber si tengo tdah adulto — Guía práctica de la psicóloga Irene Arnás
Si te has preguntado alguna vez "¿cómo puedo saber si tengo TDAH de adulto?", quiero que sepas que no eres la única persona en hacerlo. La sospecha de TDAH en adultos casi siempre empieza con una frustración constante, con la sensación de que algo no encaja o de que te cuesta el doble que a los demás sacar adelante las tareas del día a día. Como psicóloga, quiero dejarte algo claro desde el principio: esto no tiene nada que ver con la fuerza de voluntad, sino con un cerebro que funciona de una manera distinta.
Entendiendo la sospecha de TDAH en la edad adulta
Soy Irene Arnás, psicóloga, y una de las preguntas que más escucho en mi consulta es: “¿Por qué me cuesta tanto concentrarme?”. Muchos adultos han lidiado toda su vida, y en silencio, con problemas para organizarse, con una impulsividad que les trae problemas o con una mente que parece no apagarse nunca, sin llegar a pensar que detrás de todo eso podría estar el TDAH.
Hay un mito muy extendido que dice que el TDAH es cosa de niños y que desaparece con los años. La realidad es completamente diferente: el TDAH no se va, simplemente sus síntomas se transforman. La hiperactividad física de ese niño que no paraba quieto en la silla se puede convertir en una inquietud mental interna, esa sensación de tener un "motor siempre encendido" que hace casi imposible relajarse de verdad.
El TDAH más allá de la infancia
Con el tiempo, las señales del TDAH cambian, se vuelven más sutiles. Por eso, muchísimas personas, sobre todo mujeres, pasan décadas sin un diagnóstico correcto. En lugar de los problemas evidentes en el colegio, el TDAH en un adulto se manifiesta de otras formas:
- Procrastinación crónica: Dejar para mañana tareas importantes, no por pereza, sino por una especie de parálisis que te impide empezar.
- Problemas de organización: Perder las llaves o el móvil constantemente, olvidar citas importantes o tener serias dificultades para gestionar el tiempo y cumplir con las fechas de entrega.
- Impulsividad en las relaciones: Interrumpir a los demás cuando hablan, tomar decisiones importantes sin pensarlas dos veces o tener reacciones emocionales que parecen desproporcionadas.
- Dificultades para regular las emociones: Sufrir cambios de humor muy bruscos o tener muy poca tolerancia a la frustración.
El TDAH no desaparece al crecer, simplemente evoluciona. La hiperactividad física del niño se convierte en la inquietud mental del adulto, y la falta de atención se refleja en dificultades para gestionar proyectos complejos o mantener relaciones estables.
Los estudios más recientes lo confirman. En España, se estima que la prevalencia del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad en adultos jóvenes es de alrededor del 1,2 %. Esto demuestra que es una condición que sigue muy presente, aunque a menudo no se diagnostica. Además, como sé que existe una conexión importante entre distintas condiciones del neurodesarrollo, te invito a leer más sobre la relación entre TDAH y autismo.
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Identificando las señales clave del TDAH en tu vida diaria
Si te estás preguntando «cómo saber si tengo TDAH de adulto», lo primero que necesitas hacer es desterrar la imagen del niño que no para quieto en la silla. Olvídala por completo. Los síntomas han crecido y madurado contigo; se han vuelto más sutiles, más internos y, por eso mismo, mucho más difíciles de pillar.
La clave está en mirar más allá de lo evidente y reconocer cómo los tres pilares del TDAH (falta de atención, hiperactividad e impulsividad) se manifiestan en tu rutina. A menudo, se camuflan en patrones que llevas años atribuyendo a tu forma de ser, al estrés o simplemente a que «eres un desastre».
La falta de atención: mucho más que un simple despiste
En un adulto, la falta de atención no es solo "distraerse con una mosca". Es una lucha constante y agotadora por regular el foco, y esa batalla tiene consecuencias muy reales en el trabajo, en casa y en tus relaciones.
Se manifiesta de formas muy concretas en el día a día:
- Dificultad para mantener el hilo: ¿Te desconectas en reuniones largas y luego no sabes de qué se está hablando? ¿Tienes que releer la misma página de un libro varias veces porque tu mente se ha ido de viaje? Este es un clásico.
- El cementerio de los proyectos a medias: Empiezas las cosas con una motivación arrolladora, pero la chispa se apaga y las abandonas. Tu casa o tu ordenador están llenos de ideas geniales... sin terminar.
- Procrastinación crónica: Aplazas hasta el infinito cualquier tarea que exija un esfuerzo mental sostenido, como rellenar un formulario aburrido, hacer la declaración de la renta o planificar las vacaciones. No es pereza; es que el esfuerzo que te supone es mentalmente abrumador.
- Desorganización que te supera: Perder las llaves, el móvil o la cartera es el pan de cada día. Tu escritorio, tu coche o incluso tu bolso parecen vivir en un estado de caos permanente, y cualquier intento de poner orden dura poquísimo.
La hiperactividad que no se ve, pero se siente
La hiperactividad en la etapa adulta rara vez es correr por los pasillos. Se transforma. Se convierte en una inquietud interna, como tener un motor siempre encendido que no sabes cómo apagar. Una sensación de nerviosismo constante.
Esta infografía lo ilustra muy bien: la diferencia entre el mito y la realidad es abismal.

Como ves, la realidad del TDAH adulto es una experiencia interna y compleja, que va mucho más allá de las simplificaciones.
Esta inquietud mental se puede manifestar de varias maneras:
- Una mente que no para nunca: Tus pensamientos saltan de una idea a otra sin control, como un mono saltando de rama en rama. Esto hace que relajarse de verdad o conciliar el sueño sea una misión casi imposible.
- Hablar en exceso: A veces monopolizas las conversaciones o te cuesta horrores dejar que los demás terminen sus frases.
- La necesidad de estar siempre haciendo algo: La idea de no tener nada que hacer te genera ansiedad. Buscas estímulos sin parar: miras el móvil, empiezas una afición nueva cada semana, llenas tu agenda hasta los topes.
La impulsividad y sus consecuencias en la vida real
La impulsividad adulta no es solo actuar sin pensar en un momento dado. Afecta a tus decisiones más importantes, a tu bolsillo y a tus relaciones de formas que pueden llegar a ser muy dañinas.
La impulsividad en el TDAH adulto no es una debilidad de carácter, sino una dificultad real en el funcionamiento ejecutivo del cerebro que afecta al control de los impulsos. Entender esto como psicóloga es el primer paso para aprender a gestionarla.
Algunos ejemplos claros que quizás te suenen:
- Decisiones precipitadas y de alto impacto: Aceptar una oferta de trabajo sin pensar en los contras, comprar un coche de un día para otro o empezar y terminar relaciones de manera abrupta.
- Problemas con el dinero: Gastar más de la cuenta, tener serias dificultades para ahorrar o hacer compras compulsivas para sentirte mejor en el momento son señales muy comunes.
- Poca paciencia y mecha corta: Te cuesta muchísimo esperar tu turno en una conversación, a menudo interrumpes a los demás y puedes tener reacciones emocionales muy intensas ante contratiempos pequeños.
Reconocer estas señales en tu vida no va de ponerse etiquetas, sino de entender patrones que te generan malestar y que te están impidiendo funcionar como te gustaría. Si muchos de estos ejemplos te resultan dolorosamente familiares, quizá sea el momento de explorar qué hay detrás de ellos.
A continuación, he preparado una tabla que resume estos síntomas y los aterriza con ejemplos aún más concretos del día a día. A veces, ver las cosas por escrito ayuda a conectar los puntos.
Tabla: Síntomas del TDAH en adultos y ejemplos prácticos
| Área del síntoma | Manifestación común en la vida adulta | Ejemplo práctico |
|---|---|---|
| Falta de atención | Dificultad para organizar tareas y actividades | "Tengo una lista de 10 cosas que hacer, pero me bloqueo y no sé por dónde empezar. Al final del día, no he hecho casi nada". |
| Falta de atención | Olvidos frecuentes en actividades cotidianas | "¿Pagué la factura de la luz este mes? No me acuerdo. Y por cierto, ¿dónde he dejado las llaves del coche?". |
| Hiperactividad | Inquietud interna o nerviosismo constante | "Estoy viendo una película en el sofá, pero por dentro me siento como si tuviera que levantarme y hacer mil cosas a la vez". |
| Hiperactividad | Dificultad para disfrutar de actividades tranquilas | "La idea de sentarme a meditar me produce más estrés que relajación. Necesito estar en movimiento o con varios estímulos a la vez". |
| Impulsividad | Interrumpir a los demás o responder antes de tiempo | "Mi amigo me está contando algo importante y, sin darme cuenta, le corto para contarle una idea que se me acaba de ocurrir". |
| Impulsividad | Dificultad para esperar el turno | "En la cola del supermercado me pongo muy nervioso. Siempre acabo eligiendo la que parece más corta, aunque luego sea la más lenta". |
Espero que esta tabla te sirva para ver los síntomas de una forma más clara. Como ves, no se trata de comportamientos extraños, sino de dificultades muy humanas que, cuando se presentan juntas y de forma persistente, pueden apuntar al TDAH.
Cómo es el proceso de diagnóstico profesional del TDAH
Si después de leer sobre las señales del TDAH sientes que te identificas con muchas de ellas, es lógico que te preguntes: ¿y ahora qué? Reconocerse en los síntomas es un primer paso importante, pero no sustituye una evaluación formal. Un autodiagnóstico puede darte una pista, pero para confirmar si tienes TDAH de adulto, necesitas un diagnóstico profesional realizado por un psicólogo o psiquiatra con experiencia en el tema.
Entiendo que la idea de una evaluación puede generar respeto o incluso algo de miedo, pero quiero despejar esa incertidumbre. No se trata de un examen, sino de una investigación que hacemos juntos para entender cómo funciona tu cerebro. Un diagnóstico correcto no busca ponerte una etiqueta; su objetivo es darte un mapa para que puedas navegar tu vida con más claridad y menos frustración.

La primera fase: la entrevista clínica
El proceso casi siempre arranca con una o varias entrevistas clínicas en profundidad. Aquí, como profesional, querré conocer tu historia de vida al completo, no solo cómo te sientes en este momento. El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo, lo que significa que sus raíces están en la infancia, aunque nadie se diera cuenta entonces.
Por eso, te preguntaremos sobre:
- Tu infancia y adolescencia: ¿Eras de los que se despistaba en clase? ¿Te costaba un mundo ponerte con los deberes? ¿Tus profesores solían decir que te distraías con una mosca o que interrumpías constantemente?
- Tu vida adulta: Analizaremos juntos cómo los posibles síntomas han afectado distintas áreas de tu vida, desde tu carrera y tus relaciones de pareja hasta tus amistades o la simple gestión del día a día en casa.
- Tus fortalezas y dificultades: No todo va a girar en torno a los problemas. También hablaremos de aquello en lo que brillas, porque las personas con TDAH suelen ser increíblemente creativas, enérgicas y con una capacidad única para pensar fuera de la caja.
A veces, también es muy útil contar con la perspectiva de personas cercanas, como tu pareja o tus padres, si es posible. Pueden aportar detalles sobre patrones de comportamiento que a ti, quizás, se te escapan.
Herramientas de evaluación: más allá de la conversación
Además de charlar, los profesionales usamos herramientas estandarizadas para que la evaluación sea más objetiva. No son tests que se aprueban o se suspenden, sino instrumentos que nos ayudan a medir la intensidad y la frecuencia de los síntomas.
Un diagnóstico de TDAH no se basa en una única prueba. Es el resultado de combinar tu historia personal, la información de cuestionarios estandarizados y el descarte de otras posibles explicaciones. Es un proceso detallado que busca la mayor precisión posible.
Uno de los cuestionarios más utilizados es el DIVA-5 (Entrevista Diagnóstica para el TDAH en Adultos). Esta herramienta nos guía a través de los criterios diagnósticos oficiales, explorando con ejemplos concretos cómo se manifestaban en tu infancia y cómo lo hacen ahora.
También podemos usar otras escalas para evaluar aspectos más concretos, como las funciones ejecutivas (esa capacidad para planificar, organizarse y arrancar tareas), la regulación de tus emociones o cómo los síntomas impactan en tu calidad de vida.
Descartar otras condiciones es fundamental
Una parte clave del proceso es lo que llamamos diagnóstico diferencial. Básicamente, consiste en asegurarse de que los síntomas no se explican mejor por otra cosa. La ansiedad, la depresión, los trastornos del sueño o incluso los efectos de algunos medicamentos pueden provocar problemas de concentración y memoria muy parecidos a los del TDAH.
De hecho, es muy común que el TDAH coexista con otros trastornos (lo que se conoce como comorbilidad). Una persona puede tener TDAH y, además, un trastorno de ansiedad. Un buen diagnóstico identificará ambas condiciones para poder trazar un plan de tratamiento que se ocupe de todas tus necesidades.
Este enfoque integral es vital. Aunque el TDAH se origina en la infancia, muchas veces pasa desapercibido. Estudios relevantes indican que aproximadamente el 50 % de los niños diagnosticados con TDAH mantienen el trastorno en la edad adulta. Sin embargo, el infradiagnóstico es un problema muy real, porque históricamente toda la atención se ha centrado en los niños. Si quieres profundizar, puedes leer más sobre la persistencia del TDAH en la vida adulta en este informe de Salud y Medicina.
En definitiva, buscar un diagnóstico profesional es el paso más importante que puedes dar. Es el punto de partida para dejar de luchar contra ti mismo y empezar a trabajar a favor de tu cerebro, con las herramientas y el apoyo que de verdad necesitas.
Explorando los tratamientos para el TDAH en adultos: ¿qué funciona de verdad?
Recibir un diagnóstico de TDAH en la edad adulta suele provocar un torbellino de emociones. Por un lado, sientes un alivio inmenso: por fin tienes una palabra para explicar tantas luchas internas, tantas dificultades que antes achacabas a ser "vago" o "desorganizado". Pero, casi al mismo tiempo, aparece el vértigo y la gran pregunta: «Y ahora, ¿qué?».
La buena noticia es que el diagnóstico no es el final del camino, sino el punto de partida. Es la llave que te abre la puerta a una vida más funcional y, sobre todo, mucho más amable contigo mismo.
Como psicóloga, sé que no existe una varita mágica ni un tratamiento universal para el TDAH. Mi trabajo consiste en diseñar un plan a tu medida, que se ajuste a tus necesidades, tus puntos fuertes y los retos que te encuentras en tu día a día. Lo más eficaz casi siempre es una combinación de estrategias que trabajan en equipo para ayudarte a manejar los síntomas y a sacar a la luz todo tu potencial.
La terapia psicológica: el pilar para construir el cambio
La terapia es fundamental porque no se queda en la superficie de los síntomas, sino que te da una caja de herramientas prácticas para la vida cotidiana. Aunque hay diferentes enfoques, la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) ha demostrado ser una de las más eficaces para adultos con TDAH.
La TCC no se dedica a escarbar en el pasado buscando las raíces del TDAH. Su foco está en el aquí y ahora, en darte soluciones prácticas para los problemas de hoy. El objetivo es muy claro: ayudarte a identificar y cambiar esos patrones de pensamiento y comportamiento que te están frenando.
En la práctica, esto significa que trabajaremos en áreas muy concretas:
- Organización y planificación: Aprenderás a usar agendas, calendarios y apps de una forma que de verdad te sirva. Juntos, crearemos sistemas para trocear las tareas gigantes en pasos pequeños y asumibles, luchando contra esa parálisis que te lleva directo a la procrastinación.
- Gestión del tiempo: Exploraremos técnicas para que tu percepción del tiempo sea más realista y dejes de llegar tarde o de incumplir plazos. Métodos como la técnica Pomodoro pueden ser un gran aliado para mantener la concentración en sprints cortos e intensos.
- Regulación emocional: La TCC te enseña a reconocer qué situaciones disparan tu frustración o impulsividad. Aprenderás a gestionar esos cambios de humor y esa irritabilidad que, con frecuencia, acompañan al TDAH.
El tratamiento farmacológico: un apoyo para que tu cerebro enfoque mejor
Para muchas personas, la medicación es una pieza clave en este puzle. Es crucial desterrar los mitos: los fármacos para el TDAH, siempre recetados y supervisados por un psiquiatra, son seguros y muy efectivos. No son una "cura", sino una herramienta que ayuda a que tu cerebro funcione de una manera más regulada.
Principalmente, existen dos tipos de medicamentos:
- Estimulantes: Son la opción más habitual y la primera línea de tratamiento. Funcionan aumentando los niveles de neurotransmisores como la dopamina en el cerebro. Esto se traduce en una mayor capacidad de atención, menos impulsividad y una sensación de calma interior. Entre el 60 % y el 80 % de los adultos con TDAH notan una mejoría muy significativa con estos fármacos.
- No estimulantes: Son la alternativa cuando los estimulantes no se toleran bien o no son la opción adecuada por otros motivos. Aunque a veces tardan un poco más en hacer efecto, también pueden ser muy eficaces.
La medicación no cambia quién eres. Piénsalo así: es como ponerte unas gafas cuando no ves bien. Las gafas no alteran tus ojos, simplemente te ayudan a enfocar el mundo con claridad. Los fármacos para el TDAH hacen algo muy parecido con tu atención.
La decisión de empezar un tratamiento farmacológico es muy personal. Siempre debe tomarse de la mano de un médico especialista, que evaluará tu caso particular para encontrar el fármaco y la dosis que mejor se ajusten a ti.
La psicoeducación: conocerte para tener el control
La tercera pata fundamental del tratamiento es la psicoeducación. Dicho de forma sencilla, consiste en aprender todo lo que puedas sobre el TDAH y, más importante todavía, sobre cómo se manifiesta en ti. Entender por qué tu cerebro funciona de una manera diferente es increíblemente liberador.
Comprender que no eres "vago", "caótico" o "despistado", sino que tienes una condición neurológica real, te permite soltar la mochila de la culpa y empezar a buscar estrategias que de verdad funcionen para ti.
La psicoeducación implica cosas como:
- Identificar tus propios patrones: Aprender a reconocer las señales de que estás perdiendo el foco o a punto de tomar una decisión impulsiva.
- Crear un entorno "TDAH-friendly": Esto puede ir desde organizar tu espacio de trabajo para minimizar distracciones hasta usar auriculares con cancelación de ruido cuando necesitas concentrarte.
- Mejorar tu comunicación: Aprender a explicarle a tu pareja, tu familia o tus compañeros de trabajo qué es lo que necesitas para funcionar mejor.
En definitiva, el camino más sólido para gestionar el TDAH en la vida adulta es un tratamiento integral que combine la terapia, la medicación (si es necesaria) y la psicoeducación. No se trata de "curar" o eliminar el TDAH, sino de aprender a trabajar con tu cerebro, aprovechando sus fortalezas únicas y minimizando el impacto de sus desafíos.
Creando un estilo de vida que funcione con tu TDAH
Ya hemos visto que el tratamiento es una pieza clave del puzle. Pero la vida con TDAH no se reduce a las sesiones de terapia o a la medicación; se vive en el día a día, en esos pequeños hábitos y decisiones que tomas desde que te levantas hasta que te acuestas. Por eso, más allá de mi consulta, hay un montón de cambios prácticos que puedes empezar a hacer para crear un entorno que juegue a tu favor, no en tu contra.
Piensa en esta parte como tu caja de herramientas personal. Son estrategias que puedes empezar a probar hoy mismo para poner un poco de orden en el caos, reducir la frustración y, en definitiva, hacerte la vida un poco más fácil. El objetivo no es convertirte en alguien que no eres, sino aprender a trabajar con tu neurología, que es única.

La estructura es tu mejor aliada
Un cerebro con TDAH funciona mucho mejor cuando sabe qué esperar. La incertidumbre y la falta de estructura pueden ser increíblemente abrumadoras, generando una sensación de caos que te deja paralizado. Crear rutinas no significa vivir una vida rígida y aburrida, sino más bien darle a tu mente los anclajes que necesita para no ir a la deriva.
Puedes empezar por algo pequeño, pero sé constante. Por ejemplo:
- Rutina de mañana: Intenta levantarte siempre a la misma hora, incluso los fines de semana. Esto ayuda a regular tu reloj interno. Decide la noche anterior qué vas a desayunar o qué ropa te vas a poner; así eliminas decisiones innecesarias cuando tu cerebro aún está arrancando.
- Rutina de noche: Crea un pequeño ritual de desconexión. Apaga las pantallas una hora antes de dormir, prepara tu mochila y la ropa para el día siguiente y dedica unos minutos a leer algo ligero o a escuchar música tranquila.
Estos pequeños hábitos reducen la carga mental y liberan un montón de energía para las tareas que de verdad importan.
Organización visual y gestión de tareas
"Si no lo veo, no existe". Esta frase es un verdadero mantra para muchísimos adultos con TDAH. La memoria de trabajo suele ser uno de los puntos débiles, por lo que fiarte de ella para recordar lo que tienes que hacer es una receta para el desastre. La solución es sencilla: saca las cosas de tu cabeza y ponlas en un sistema externo.
No luches contra tu cerebro, dale las herramientas que necesita. Los sistemas de organización visual no son una muleta, son una estrategia inteligente para compensar las dificultades con la memoria de trabajo y las funciones ejecutivas.
Aquí tienes algunas ideas que funcionan muy bien en la práctica:
- Tableros Kanban: Ya sea con una pizarra física y post-its o con una app digital como Trello, este método es genial. Divide tus tareas en columnas sencillas como "Por hacer", "En proceso" y "Hecho". Ver tu progreso de forma tan visual es increíblemente motivador.
- Códigos de colores: Asigna un color a cada tipo de actividad (trabajo, personal, citas médicas, ocio) en tu calendario digital o agenda de papel. De un solo vistazo podrás ver cómo se distribuye tu semana y dónde están los huecos.
- Listas de tareas realistas: Olvídate de esas listas interminables que solo generan ansiedad. Cada día, elige solo tres tareas prioritarias (lo que algunos llaman "las tres rocas grandes") y céntrate en sacarlas adelante. Todo lo que consigas hacer después es un extra.
Y para vencer a esa bestia llamada procrastinación, la técnica Pomodoro puede cambiarte la vida. Es muy simple: trabajas en bloques de 25 minutos de concentración intensa y después te tomas un descanso de 5 minutos. Esta estructura hace que empezar cualquier tarea parezca mucho menos abrumador.
El autocuidado no es un lujo, es una necesidad
El ejercicio, la alimentación y el sueño no son simples recomendaciones de salud general. Para una persona con TDAH, son herramientas de regulación neurológica de primer nivel.
- Ejercicio físico: La actividad física regular, sobre todo la aeróbica (correr, nadar, bailar), aumenta los niveles de dopamina y norepinefrina en el cerebro. ¿Te suenan? Son los mismos neurotransmisores que se ven afectados por la medicación para el TDAH. Un paseo rápido por la mañana puede mejorar tu concentración durante horas.
- Alimentación consciente: Empieza a prestar atención a cómo te afectan ciertos alimentos. Una dieta equilibrada, rica en proteínas y baja en azúcares refinados, puede ayudar a estabilizar tus niveles de energía y tu estado de ánimo, evitando los picos y caídas bruscas.
- Sueño de calidad: La falta de sueño empeora absolutamente todos los síntomas del TDAH. Es crucial que priorices tu descanso. Intenta crear un ambiente oscuro, silencioso y fresco en tu dormitorio.
Comunicar tus necesidades en tus relaciones
Por último, es vital que aprendas a comunicar lo que necesitas a las personas que te rodean. Tu pareja, tu familia o tus amigos no pueden adivinar cómo funciona tu mente ni lo que estás sintiendo.
Hablar de forma abierta y clara sobre tus dificultades puede prevenir muchísimos malentendidos y roces. Por ejemplo, puedes explicarles que cuando te olvidas de algo importante no es por falta de interés o de cariño, sino por cómo funciona tu memoria. Aprender a expresar tus necesidades es también un ejercicio clave para mejorar tu autoestima y autoconcepto, porque te estás validando a ti mismo y a tu experiencia.
Pedir ayuda de forma específica ("¿Me puedes mandar un WhatsApp mañana por la mañana para recordarme la cita del médico?") no es una señal de debilidad. Al contrario, es una estrategia inteligente de apoyo mutuo que, además, fortalecerá tus relaciones.
Cuándo y cómo buscar ayuda profesional
Si has llegado hasta aquí y muchas de estas señales resuenan contigo, si notas que están afectando a tu bienestar, tu trabajo o tus relaciones, quizás sea el momento de dar el siguiente paso. No tienes por qué seguir luchando en solitario. Entender cómo saber si tengo TDAH de adulto pasa, casi siempre, por buscar la ayuda de un profesional cualificado.
Pedir ayuda es un acto de valentía y el primer gran paso para empezar a construir una vida más consciente y alineada contigo. Ignorar las dificultades, por desgracia, no hace que desaparezcan.
¿Psicólogo o psiquiatra? A quién acudo primero
Esta es una duda muy frecuente, y la respuesta es más sencilla de lo que parece. Ambos profesionales son clave en el proceso, pero suelen intervenir en momentos distintos y complementarios.
- El psicólogo especialista en TDAH suele ser tu punto de partida. Es el profesional que realizará la evaluación completa, a través de entrevistas clínicas y pruebas específicas, para confirmar o descartar el diagnóstico. Además, es quien te proporcionará las herramientas terapéuticas (como la Terapia Cognitivo-Conductual) para que aprendas a gestionar los síntomas en tu día a día.
- El psiquiatra es el médico especialista en salud mental. Su papel es fundamental si se considera necesario un tratamiento farmacológico. Si tras la evaluación se ve que la medicación podría ser un apoyo útil para ti, el psicólogo te derivará al psiquiatra para que valore esta opción, la prescriba y haga el seguimiento correspondiente.
Lo ideal suele ser empezar por un psicólogo con experiencia en neurodesarrollo. Él o ella coordinará todo el proceso y, si lo considera necesario, te guiará hacia el psiquiatra para un abordaje completo.
Dejar pasar los síntomas tiene consecuencias reales a largo plazo. Puede incrementar el riesgo de desarrollar otras condiciones, como ansiedad o depresión. De hecho, el TDAH no tratado puede tener un impacto significativo en la salud; algunos estudios confirman un mayor riesgo de comorbilidades psiquiátricas y enfermedades cardiovasculares. Para quien quiera profundizar, puede consultar los hallazgos sobre la expectativa de vida en adultos con TDAH.
Además, es importante recordar que el TDAH a menudo coexiste con otras dificultades. Una de las más comunes es la tendencia al consumo de sustancias como una forma de automedicación para "calmar" la mente. Si este aspecto te preocupa, puedes leer más sobre la relación entre el TDAH y el consumo de sustancias en nuestro artículo.
Dar el paso de buscar un profesional es, en definitiva, una inversión en tu calidad de vida, tanto presente como futura. Es la decisión que te permitirá entenderte, aceptarte y empezar a usar las estrategias que de verdad funcionan para ti.
Preguntas frecuentes sobre el TDAH en adultos
Para ir cerrando esta guía, me gustaría responder a algunas de las dudas más habituales que escucho en consulta sobre cómo saber si tienes TDAH de adulto. Son esas preguntas que a menudo se quedan en el aire pero que son clave para entender de verdad qué supone esta condición. Mi objetivo es darte respuestas claras y directas, basadas tanto en la evidencia como en la experiencia del día a día.
¿El TDAH es solo una excusa para ser vago o desorganizado?
En absoluto, y esta es una de las ideas más dañinas y equivocadas que existen. El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo totalmente real, con una base neurológica que afecta a cómo el cerebro gestiona la atención, la planificación y el impulso.
No tiene nada que ver con la pereza o la falta de voluntad. Las dificultades para empezar una tarea, organizarse o mantener la concentración son síntomas genuinos de una condición neurológica. No es un fallo de carácter, sino una forma diferente de funcionar que necesita comprensión y estrategias, no juicios.
¿Se puede desarrollar TDAH en la edad adulta?
No, el TDAH no aparece de la nada cuando eres adulto. Por definición, es un trastorno del neurodesarrollo, lo que significa que sus raíces y síntomas ya estaban ahí antes de los 12 años, aunque en ese momento nadie les pusiera nombre.
Lo que sí es muy común es que el diagnóstico llegue en la edad adulta. Muchísimas personas, sobre todo mujeres, pasan la infancia y la adolescencia desarrollando estrategias para "camuflar" sus dificultades. A menudo, es un cambio vital importante (empezar la universidad, un trabajo exigente, tener hijos) lo que hace que esas estrategias dejen de ser suficientes y los síntomas se vuelvan inmanejables.
Que el diagnóstico llegue tarde no significa que el TDAH sea nuevo. Simplemente, ha estado oculto, a menudo camuflado bajo capas de ansiedad, frustración o un esfuerzo constante por "encajar".
¿Es verdad que las mujeres tienen TDAH de forma diferente?
Sí, y esta es una de las grandes razones por las que hay tantas mujeres sin diagnosticar. La imagen clásica del TDAH es la del niño que no para quieto en clase, un perfil que es, efectivamente, más habitual en los chicos.
En las niñas y mujeres, el TDAH tiende a manifestarse de forma mucho más interna y silenciosa:
- Predomina el déficit de atención: En lugar de moverse sin parar, su mente es la que va a mil por hora. Suelen soñar despiertas, se distraen con sus propios pensamientos y a menudo se sienten como si estuvieran "en las nubes".
- Hiperactividad más sutil: Puede manifestarse como una hiperactividad verbal (hablar mucho y muy rápido) o una inquietud interna constante, difícil de ver desde fuera.
- Perfeccionismo y autoexigencia: Invierten una cantidad de energía brutal en compensar sus fallos y ocultar sus dificultades, lo que las lleva a un agotamiento crónico y, con frecuencia, a desarrollar ansiedad o depresión.
Como estos síntomas no "molestan" tanto en un aula, pasan desapercibidos para padres y profesores, y el diagnóstico nunca llega.
Si tengo TDAH, ¿significa que no puedo tener éxito profesional?
Todo lo contrario. Aunque el TDAH presenta desafíos claros, también viene de la mano de talentos únicos. Las personas con TDAH suelen ser increíblemente creativas, capaces de pensar de forma totalmente original (out-of-the-box thinking), tienen una energía desbordante para los temas que les apasionan y una gran capacidad para resolver problemas de formas inesperadas.
Muchos artistas, emprendedores y profesionales de éxito tienen TDAH. La clave no es eliminar el TDAH, sino conocerte a fondo. Se trata de entender cuáles son tus puntos fuertes y cuáles tus áreas de mejora para poder elegir un camino que se alinee con tu forma de funcionar. Con un buen diagnóstico y las herramientas adecuadas, puedes aprender a gestionar los retos y a potenciar tus talentos para construir una carrera muy satisfactoria.