Guía: cómo diagnosticar tdah adultos y entender el proceso
Diagnosticar el TDAH en adultos requiere una evaluación clínica exhaustiva por parte de un psicólogo o psiquiatra. Este proceso va mucho más allá de un simple test; integra entrevistas detalladas para rastrear los síntomas hasta la infancia (antes de los 12 años), cuestionarios estandarizados y, lo más importante, un análisis profundo de cómo estos síntomas impactan en tu vida diaria.
¿Esto es TDAH o solo la vida moderna?

«Lucho constantemente para empezar cualquier tarea», «mi mente salta de un pensamiento a otro sin descanso», «siento que vivo en un caos interno que no puedo controlar». Como psicóloga, escucho estas frases a diario en mi consulta. La pregunta que suele acompañarlas es casi inevitable: «Irene, ¿y si lo que tengo es TDAH?».
Esta duda es cada vez más frecuente. Es fundamental que sepas que no se trata de una moda ni de una excusa para la procrastinación. El TDAH en adultos es una condición neurobiológica real y, lamentablemente, a menudo pasa desapercibida durante décadas, camuflada bajo etiquetas como «despistado», «vago» o «incapaz de organizarse».
El desafío del diagnóstico tardío
El principal problema al que nos enfrentamos como profesionales de la salud mental es que muchos adultos han pasado toda su vida sin saber que sus dificultades tienen un nombre. Han desarrollado estrategias complejas y agotadoras para compensar sus síntomas, pero a un coste emocional altísimo: ansiedad, baja autoestima y una sensación crónica de no estar a la altura.
La realidad es que el diagnóstico del TDAH en adultos en España es un gran desafío por el elevado grado de infradiagnóstico. Un estudio revelador encontró que solo el 0,04% de los pacientes adultos tenían el diagnóstico registrado en su historial clínico. Una cifra alarmantemente baja si la comparamos con la prevalencia real, estimada en un 1,2%. Esto nos dice que la gran mayoría de los casos no llegan a ser identificados correctamente por el sistema sanitario.
El diagnóstico no es una etiqueta, es una explicación. Para muchos de los pacientes que acompaño, recibirlo es un momento de profundo alivio. Es la pieza que faltaba en el puzle, la que permite entender por fin por qué ciertas cosas siempre han sido un desafío tan grande.
Por qué buscar una respuesta clara
Entender si tus dificultades diarias responden a un TDAH es el primer paso para dejar de luchar contra tu propio cerebro y empezar a trabajar con él. Para ello, es fundamental saber cómo diagnosticar TDAH en adultos de forma rigurosa y profesional.
Este artículo es una hoja de ruta para ti. Como tu psicóloga, mi objetivo es guiarte para que explores:
- Las señales que van mucho más allá de un simple despiste.
- Cómo es un proceso de evaluación profesional de principio a fin.
- Por qué un diagnóstico real es mucho más que rellenar un cuestionario online.
Mi objetivo es ofrecerte claridad y desmontar los mitos. Si quieres profundizar más en qué es exactamente esta condición antes de continuar, te invito a leer mi artículo sobre qué es el TDAH en adultos y cómo se manifiesta. A lo largo de esta guía, te acompañaré en cada etapa del proceso, desde esa sospecha inicial hasta comprender qué significa realmente tener un diagnóstico y cómo puede cambiar tu vida para mejor.
Trabajemos juntos
Estoy disponible tanto para terapia presencial en Las Palmas como para sesiones online.
Reconocer las señales más allá de los despistes
Cuando hablamos de TDAH en adultos, casi todo el mundo piensa en la típica persona despistada que siempre pierde las llaves o se olvida de las citas. Y aunque algo de eso hay, quedarse con esa imagen es como intentar describir un iceberg viendo solo la punta que asoma sobre el agua. El TDAH es mucho más profundo y complejo.
Sus síntomas se van tejiendo en el día a día, afectando al trabajo, a las relaciones personales y, sobre todo, a la forma en que te sientes contigo mismo. Mi objetivo aquí es traducir esos criterios diagnósticos, que a menudo suenan tan fríos y técnicos, a situaciones que seguro te resultarán familiares. Quiero que entiendas que esa sensación de no llegar a todo, esa frustración que parece no irse nunca o esa inquietud que no te deja en paz, no son fallos de tu carácter. Podrían ser, simplemente, la forma en que funciona tu cerebro con TDAH.
La inatención no es solo soñar despierto
La falta de atención en un adulto no se parece a la del niño que se pasa la clase mirando por la ventana. Es mucho más sutil, más interna y, sinceramente, mucho más agotadora.
Se manifiesta como una dificultad real para mantener la concentración en tareas que no te motivan o interesan de forma inmediata. Por ejemplo, te sientas para redactar ese informe tan importante y, cinco minutos después, te das cuenta de que estás reorganizando los archivos del ordenador o buscando información sobre un tema que no tiene nada que ver. No es que no tengas voluntad, es que tu cerebro está programado para buscar estímulos más interesantes constantemente.
Esta lucha por mantener el foco se traduce en situaciones muy concretas:
- Perder el hilo con facilidad: Estás en una reunión de trabajo o en una conversación larga y, de repente, tu mente se va. Sigues asintiendo y sonriendo, pero te das cuenta de que no tienes ni idea de lo que se ha dicho en los últimos minutos.
- Cometer errores por descuido: Envías un email con faltas o entregas un proyecto con pequeños fallos. No es por falta de capacidad, sino porque tu mente ya estaba pensando en lo siguiente antes de haber terminado de verdad lo anterior.
- La famosa "parálisis por análisis": Tienes que enfrentarte a una tarea grande y compleja, como preparar una presentación, y te sientes tan abrumado por todos los pasos y detalles que no sabes ni por dónde empezar. Esta sensación puede ser tan intensa que te bloquea por completo y terminas posponiéndolo todo.
La procrastinación en el TDAH rara vez es pereza. Casi siempre es el resultado de un cerebro que se siente abrumado y que intenta por todos los medios evitar la incomodidad, la ansiedad o el aburrimiento que le provoca una tarea.
La hiperactividad que se siente por dentro
La hiperactividad en los adultos casi nunca significa correr por la oficina o no poder estar quieto en una silla. Se internaliza. Se convierte en una sensación constante de inquietud, tanto mental como física. Es como tener un motor interno que nunca, nunca se apaga.
¿Te suena algo de esto?
- Inquietud mental: Tu mente salta de una idea a otra sin parar. Es como tener veinte pestañas abiertas en el navegador al mismo tiempo. Esto hace que relajarse de verdad, incluso al final de un día agotador, sea una misión casi imposible.
- La necesidad de estar siempre ocupado: Sentir una incomodidad profunda cuando no estás haciendo nada. Llenas cada minuto libre con actividades, a menudo varias a la vez, como ver la tele mientras revisas el móvil y piensas en la lista de la compra de mañana.
- Pequeños gestos de inquietud física: Aunque estés sentado, no paras de mover una pierna, de jugar con un bolígrafo o de cambiar de postura cada dos por tres. Son pequeñas válvulas de escape para toda esa energía que tienes dentro.
La impulsividad y la montaña rusa emocional
La impulsividad es otro de los grandes pilares del TDAH, y no se limita a hacer compras compulsivas. Afecta a cómo te comunicas y, de manera muy especial, a cómo gestionas tus propias emociones.
De hecho, la disregulación emocional es uno de los aspectos menos conocidos pero que más impacto tienen en la vida de un adulto con TDAH. Significa experimentar las emociones de una forma mucho más intensa de lo habitual y, además, tener muchas dificultades para volver a un estado de calma. Una pequeña crítica en el trabajo puede sentirse como un fracaso catastrófico, o una pequeña alegría puede desatar una euforia desbordante.
Esta impulsividad, tanto emocional como en la conducta, se ve en cosas como:
- Interrumpir a los demás al hablar: No lo haces con mala intención, pero la idea que se te acaba de ocurrir te parece tan brillante y urgente que la sueltas antes de que la otra persona haya terminado su frase.
- Tomar decisiones de forma precipitada: Puedes aceptar un trabajo nuevo, decidir mudarte de ciudad o embarcarte en un proyecto enorme sin haber meditado bien las consecuencias. Te dejas llevar por el entusiasmo del momento.
- Tener muy poca tolerancia a la frustración: Te irritas con una facilidad pasmosa ante pequeñas contrariedades, como un atasco o una página web que tarda en cargar. La paciencia no es tu fuerte y cualquier espera se te hace eterna.
Reconocer estos patrones en ti mismo es el primer y más importante paso. Es la forma de empezar a entender que no estás solo y que lo que te pasa tiene una explicación neurobiológica. Esta es la base que necesitas antes de plantearte el siguiente paso: buscar mi ayuda o la de otro profesional para saber cómo diagnosticar TDAH en adultos.
Cómo es el proceso de evaluación profesional
Entiendo perfectamente que dar el paso de buscar un diagnóstico pueda generar mucha incertidumbre y algo de vértigo. "¿Qué me van a preguntar?", "¿Será una prueba muy complicada?", "¿Y si solo son cosas mías?". Quiero despejar estas dudas y explicarte con claridad qué puedes esperar de este proceso, porque conocer el camino siempre tranquiliza.
Un diagnóstico de TDAH en adultos no se basa en un único test milagroso ni en una simple charla. Es una evaluación completa y profunda, un trabajo casi detectivesco para reconstruir tu historia y entender los patrones que te han acompañado a lo largo de tu vida. No buscamos una etiqueta, sino una explicación coherente y útil para ti.
La entrevista clínica: el corazón del diagnóstico
La pieza central de todo el proceso es, sin duda, la entrevista clínica. Aquí es donde, como psicóloga, dedico tiempo a escucharte y a explorar contigo no solo tus dificultades actuales, sino también cómo eras de niño o adolescente. El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo, lo que significa que sus rasgos deben haber estado presentes antes de los 12 años, aunque quizás pasaran desapercibidos o se interpretaran de otra manera.
Hablaremos de situaciones muy concretas, del día a día:
- Recuerdos escolares: ¿Eras el niño que siempre estaba en las nubes? ¿Te costaba mantenerte sentado? ¿Entregabas los trabajos a última hora o con despistes?
- Vida laboral: ¿Te cuesta gestionar proyectos largos? ¿Procrastinas hasta que la presión es insostenible? ¿Cambias de trabajo con frecuencia buscando nuevos estímulos?
- Relaciones personales: ¿Interrumpes a los demás sin querer? ¿Sientes que tus emociones son una montaña rusa que agota a los que te rodean?
No te preocupes si no recuerdas cada detalle de tu infancia. A menudo, las anécdotas, los viejos informes escolares o incluso la perspectiva de un familiar (si es posible y te sientes cómodo) nos ayudan a conectar los puntos.
Herramientas para objetivar los síntomas
Además de nuestra conversación, utilizamos herramientas estandarizadas que nos ayudan a medir y objetivar la intensidad y frecuencia de los síntomas. Piensa en ellas no como exámenes que se aprueban o suspenden, sino como guías que nos permiten comparar tus experiencias con los criterios diagnósticos establecidos.
En España, el proceso para diagnosticar TDAH en adultos implica una evaluación integral que combina varias de estas piezas. En mi consulta utilizo entrevistas clínicas estructuradas que siguen los criterios del DSM-5, junto con cuestionarios validados como la escala Conners para adultos o la DIVA-5 (Entrevista Diagnóstica para el TDAH en Adultos). El objetivo es observar patrones de inatención o hiperactividad-impulsividad que han sido persistentes desde la infancia.
Mientras tanto, vamos descartando otras posibles causas. Si quieres profundizar en cómo esta condición impacta a la población, puedes leer más en este artículo de eldiariodelaeducacion.com.
Este proceso diagnóstico, como ves, se compone de varias fases clave para asegurar su precisión.

Como ilustra la infografía, el diagnóstico es un flujo que va de lo general a lo específico, combinando tu relato personal con datos objetivos y un análisis clínico riguroso.
Para que te hagas una idea más clara, aquí tienes una comparativa de las herramientas más comunes que usamos en consulta.
Comparativa de herramientas de evaluación del TDAH en adultos
Una comparación para entender el propósito de cada herramienta utilizada en el proceso diagnóstico y qué tipo de información aporta.
| Herramienta diagnóstica | Tipo | Qué evalúa | ¿Es suficiente para un diagnóstico? |
|---|---|---|---|
| Entrevista clínica | Conversación guiada | Historial de desarrollo, patrones de conducta, impacto funcional en la vida diaria. | Fundamental, pero debe complementarse con otras herramientas. |
| DIVA-5 | Entrevista estructurada | Síntomas de TDAH en la infancia y la edad adulta según criterios DSM-5. | Es una herramienta diagnóstica muy potente, pero no la única. |
| Escala ASRS | Cuestionario de autoinforme | Frecuencia de comportamientos de inatención e hiperactividad recientes. | No, es una herramienta de cribado o screening. Útil para iniciar. |
| Escalas Conners (CAARS) | Cuestionario (autoinforme y observador) | Síntomas de TDAH y problemas asociados (emocionales, de conducta). | No, aporta información valiosa pero no es un diagnóstico por sí sola. |
| Evaluación neuropsicológica | Pruebas de rendimiento | Funciones ejecutivas (memoria de trabajo, atención, planificación, etc.). | No, ayuda a perfilar las dificultades, pero el TDAH no siempre se refleja en estas pruebas. |
Como ves, ninguna herramienta por sí sola es la clave. La magia está en la combinación de todas ellas, interpretadas por un profesional con experiencia.
El diagnóstico diferencial: un paso crucial
Una parte fundamental del proceso, y quizás una de las más complejas, es el diagnóstico diferencial. Muchos de los síntomas del TDAH (dificultad para concentrarse, inquietud, impulsividad) pueden solaparse con los de otras condiciones, como los trastornos de ansiedad, la depresión, el trastorno bipolar o incluso los efectos de un mal descanso crónico.
Mi trabajo como psicóloga consiste en analizar cuidadosamente todo el cuadro para discernir qué es qué. Por ejemplo, una persona con ansiedad puede tener problemas de concentración porque su mente está atrapada en un bucle de preocupaciones. Sin embargo, en el TDAH, la dificultad de concentración suele venir de una mente que salta de un estímulo a otro, no necesariamente de la preocupación.
Descartar otras condiciones o entender cómo coexisten con el TDAH (lo que llamamos comorbilidad) es esencial para poder ofrecerte la ayuda que realmente necesitas y no una solución genérica que no aborde la raíz del problema. Este análisis minucioso es lo que diferencia una evaluación profesional de un simple test online y garantiza que el plan de acción posterior sea el adecuado para ti.
Entender las comorbilidades asociadas al TDAH
Desde mi experiencia en la consulta, he aprendido algo fundamental: el TDAH rara vez viaja solo. Es casi como si tuviera compañeros de viaje habituales que, si no los identificamos a tiempo, pueden complicar enormemente el cuadro y hacer que cualquier intervención se quede corta. A estas condiciones que coexisten con el TDAH las llamamos comorbilidades.
Comprender esta interacción es absolutamente clave en el proceso de cómo diagnosticar TDAH en adultos. No se trata de coleccionar etiquetas, sino de obtener una visión completa y precisa de lo que te ocurre. Ignorar una comorbilidad es como intentar arreglar un coche centrándote solo en el motor cuando también tienes las ruedas pinchadas; el vehículo, simplemente, no va a avanzar correctamente.
La ansiedad: el dúo más frecuente
La ansiedad es, sin lugar a dudas, la comorbilidad más común que encuentro en adultos con TDAH. Las cifras hablan por sí solas: se estima que alrededor del 50% de los adultos con TDAH también sufren de un trastorno de ansiedad. Esta combinación puede llegar a ser especialmente paralizante.
La ansiedad se alimenta del caos que a menudo genera el TDAH. La procrastinación crónica, el miedo constante a no cumplir con los plazos, la sensación de estar siempre olvidando algo importante… todo esto crea un caldo de cultivo perfecto para una ansiedad que no da tregua. A su vez, la ansiedad intensifica los síntomas del TDAH: la preocupación te impide concentrarte, el miedo al fracaso te bloquea todavía más y la inquietud ansiosa se suma a la hiperactividad mental propia del TDAH.
Es un círculo vicioso agotador:
- El TDAH te lleva a posponer una tarea importante.
- La ansiedad crece a medida que se acerca la fecha límite.
- Esa ansiedad te abruma tanto que te resulta aún más difícil empezar, lo que empeora la parálisis típica del TDAH.
Cuando la frustración se convierte en depresión
Otra compañera de viaje muy habitual es la depresión. Vivir durante años con la sensación de no estar a la altura, luchando contra una desorganización que no entiendes y acumulando experiencias de fracaso o críticas, tiene un coste emocional altísimo. Esta frustración crónica puede, con el tiempo, desembocar en una depresión.
Los síntomas pueden solaparse, lo que a menudo dificulta el diagnóstico. La falta de motivación, los problemas de concentración o la apatía son comunes en ambas condiciones. La diferencia, sin embargo, está en la raíz del problema. En la depresión comórbida con el TDAH, frecuentemente vemos que los sentimientos de tristeza y desesperanza surgen como una consecuencia directa de las dificultades no gestionadas del TDAH.
Como psicóloga, no me limitaré a tratar la depresión con terapia sin antes preguntarme: ¿qué está causando esta tristeza tan profunda? Muchas veces, al tratar el TDAH de base y proporcionar estrategias efectivas, una gran parte de los síntomas depresivos mejoran de forma significativa.
Otras condiciones a tener en cuenta
Aunque la ansiedad y la depresión son las más frecuentes, el TDAH puede coexistir con otras condiciones que también debemos tener en el radar durante el diagnóstico:
- Trastornos del sueño: La dificultad para "apagar" el cerebro por la noche es casi una constante en el TDAH. Esto puede derivar en insomnio crónico, lo que, a su vez, empeora la atención y el estado de ánimo durante el día.
- Dificultades específicas del aprendizaje: La dislexia o la discalculia pueden coexistir con el TDAH desde la infancia, creando una doble barrera tanto en el ámbito académico como en el profesional.
- Trastorno por uso de sustancias: La impulsividad y la búsqueda de estímulos, tan propias del TDAH, aumentan el riesgo de desarrollar problemas con el alcohol u otras sustancias. En ocasiones, se utilizan como una forma de automedicación para calmar la inquietud o para intentar concentrarse. Puedes leer más sobre la compleja relación entre el TDAH y el consumo de sustancias en nuestro artículo dedicado a ello.
Un diagnóstico diferencial riguroso nos permite desenredar esta compleja madeja. Se trata de entender qué síntoma pertenece a qué condición para poder diseñar un plan de tratamiento que aborde cada una de tus necesidades de forma integrada y efectiva, mirándote a ti como persona, no como un conjunto de diagnósticos aislados.
Qué hacer después de recibir el diagnóstico

Recibir el diagnóstico de TDAH en la edad adulta es, para muchas personas que acompaño en consulta, un momento de una intensidad emocional enorme. Por un lado, sientes un alivio profundo; por fin, todas esas piezas sueltas de tu vida, esas luchas internas que no entendías, encajan y cobran sentido. Por otro, puede aparecer una especie de duelo por los años vividos sin esta comprensión.
Ambas emociones son válidas y completamente necesarias. Pero la pregunta que flota en el aire es: y ahora, ¿qué? Quiero que veas este momento no como una línea de meta, sino como el verdadero punto de partida. Ahora tienes en tus manos la información que necesitas para empezar a trabajar con tu cerebro, en lugar de seguir luchando contra él.
El enfoque multidisciplinar del tratamiento
No existe una varita mágica para el TDAH. Lo que sí funciona, y muy bien, es un enfoque combinado y personalizado que aborde los diferentes frentes de tu vida. Piénsalo como si estuvieras montando tu propio equipo de apoyo, uno diseñado a tu medida.
Este equipo suele estar formado por varias piezas clave:
- Terapia Psicológica: Es la base para aprender a gestionar el día a día. Aquí trabajamos para entender cómo el TDAH te afecta a ti en concreto y desarrollamos estrategias prácticas para navegarlo.
- Tratamiento Farmacológico: En muchos casos, la medicación es una herramienta increíblemente eficaz. Ayuda a regular la base neurobiológica del TDAH, haciendo mucho más fácil que las estrategias que aprendes en terapia se puedan aplicar con éxito.
- Coaching Especializado: Un coach de TDAH te ayuda a llevar toda esa teoría a la práctica. Se centra en objetivos muy concretos de organización, productividad y gestión del tiempo en tu vida cotidiana.
La combinación ideal siempre dependerá de tus necesidades, de la intensidad de tus síntomas y de cómo estos impactan realmente en tu vida.
Terapia psicológica: la base del cambio
La terapia, y en especial la terapia cognitivo-conductual (TCC), es absolutamente fundamental. Y no, no se trata solo de hablar, sino de actuar. En mis sesiones, nos arremangamos para desmontar esos patrones de pensamiento negativos que llevas construyendo años (cosas como "soy un desastre" o "nunca terminaré nada") y los cambiamos por otros más realistas y, sobre todo, más compasivos.
Además, nos dedicamos a crear un "manual de instrucciones" a medida para tu cerebro. Esto incluye aprender a:
- Planificar y organizar tareas: Desglosamos los proyectos gigantes en pasos pequeños y manejables para que no te quedes paralizado. Se acabó la parálisis por análisis.
- Gestionar el tiempo de forma realista: Utilizamos técnicas muy prácticas como el time blocking o el método Pomodoro para ayudarte a mantener el foco.
- Regular las emociones: Aprendemos a identificar qué dispara tu frustración o impulsividad y creamos un plan de acción para gestionar esas emociones antes de que te desborden.
El trabajo en terapia también es crucial para fortalecer áreas que el TDAH suele debilitar. Un aspecto fundamental es que te permite reconstruir la relación contigo mismo, algo esencial para tu bienestar. Por eso, si quieres saber más sobre este tema, te recomiendo leer sobre la importancia de la autoestima y el autoconcepto en nuestro blog.
El objetivo de la terapia no es "curar" el TDAH, porque no es una enfermedad que se cura. El objetivo es darte las herramientas para que puedas navegar tu vida con más facilidad, confianza y menos estrés.
El papel de la medicación: ¿es para mí?
La decisión de iniciar un tratamiento farmacológico es muy personal y siempre debe tomarse de la mano de un profesional de la psiquiatría. Como psicóloga, mi papel es explicarte por qué y cuándo puede ser una opción beneficiosa, para que puedas tomar una decisión totalmente informada.
La medicación para el TDAH actúa sobre los neurotransmisores del cerebro, principalmente la dopamina y la noradrenalina, que son los que se encargan de la atención y el control de impulsos. Para muchísima gente, es como ponerse unas gafas para ver mejor: de repente, el "ruido" mental disminuye y son capaces de concentrarse y seguir un pensamiento de principio a fin.
Es importante desmontar algunos mitos sobre la medicación:
- No es una "píldora mágica": No va a organizar tu agenda por ti, pero sí crea las condiciones cerebrales para que las estrategias que aprendes en terapia funcionen infinitamente mejor.
- No te cambia la personalidad: Te ayuda a ser una versión más funcional de ti mismo, no te convierte en otra persona.
- Requiere supervisión profesional: La prescripción y el seguimiento deben ser realizados por un psiquiatra. Es quien ajustará el tipo de fármaco y la dosis a tus necesidades específicas.
La derivación a psiquiatría se realiza cuando, tras la evaluación, vemos que el tratamiento farmacológico puede ser un apoyo clave para mejorar tu calidad de vida, especialmente si los síntomas son severos y están afectando de forma significativa a tu día a día. El diagnóstico no es el final del camino, es el comienzo de una nueva etapa de autoconocimiento y crecimiento con las herramientas adecuadas.
Preguntas frecuentes sobre el diagnóstico de TDAH
Llegados a este punto, es totalmente normal que tengas la cabeza llena de preguntas. El camino hacia un posible diagnóstico de TDAH en la edad adulta suele estar sembrado de dudas, mitos y una buena dosis de incertidumbre. A lo largo de mi experiencia en consulta, he ido recogiendo las inquietudes más habituales que me plantean mis pacientes, y quiero darles respuesta aquí de forma clara y directa, para que tengas la tranquilidad y la información que necesitas.
¿Puede un test online diagnosticarme TDAH?
No, rotundamente no. Los tests que puedes encontrar por internet son, en el mejor de los casos, una herramienta de autoexploración. Pueden servir como una primera señal de alerta que te empuje a querer saber más, pero bajo ningún concepto tienen validez clínica para establecer un diagnóstico.
Un diagnóstico profesional es un proceso mucho más profundo y riguroso. Requiere una evaluación exhaustiva por parte de un psicólogo o psiquiatra, que incluye un repaso completo de tu historia de vida, entrevistas clínicas estructuradas y, algo crucial, el diagnóstico diferencial para descartar que tus síntomas se deban a otras causas.
Piensa en esos tests como lo que realmente son: un punto de partida. Si el resultado te resuena o te hace sentir identificado, úsalo como el impulso que necesitabas para buscar una valoración profesional seria y completa.
Si de niño no era hiperactivo, ¿puedo tener TDAH?
Por supuesto. Este es uno de los mitos más dañinos y una de las razones por las que muchísimos adultos, sobre todo mujeres, pasan décadas sin un diagnóstico correcto. El TDAH no es solo la imagen del niño que no para quieto en la silla. Existe un subtipo, el de presentación predominante inatenta, que no cursa con la hiperactividad física que todos imaginamos.
En estos casos, los síntomas son más internos, más sutiles:
- Una mente que salta de un pensamiento a otro sin descanso.
- Dificultades crónicas para organizarte y planificar tareas.
- Despistes y olvidos constantes en el día a día.
De hecho, en la edad adulta es muy común que la hiperactividad física se internalice. En lugar de moverte sin parar, la experimentas como una inquietud mental constante, como si tuvieras un motor siempre encendido por dentro que te impide relajarte de verdad.
¿Quién diagnostica el TDAH, un psicólogo o un psiquiatra?
Tanto los psicólogos clínicos como los psiquiatras estamos plenamente capacitados para llevar a cabo el proceso de cómo diagnosticar TDAH en adultos. La evaluación que realizamos es muy similar: se basa en entrevistas, la aplicación de cuestionarios y el análisis detallado de tu historia personal y familiar.
La diferencia clave aparece en el tratamiento posterior.
- Un psicólogo se va a centrar en la terapia. Mi trabajo es enseñarte estrategias prácticas y darte herramientas para gestionar los síntomas del día a día, trabajar en la autoestima y modificar patrones de conducta que no te ayudan, a menudo a través de enfoques como la terapia cognitivo-conductual.
- Un psiquiatra, por su formación médica, es el único profesional que puede recetar medicación. Su papel es fundamental si se considera que un tratamiento farmacológico puede ser un apoyo beneficioso en tu caso.
En la práctica clínica, el enfoque más efectivo casi siempre es un trabajo coordinado entre ambos. La terapia te da las estrategias y la medicación, si es necesaria, puede crear la base neuroquímica que necesitas para poder aplicar esas estrategias con éxito.
¿Cuánto se tarda en obtener un diagnóstico de TDAH?
Conseguir un diagnóstico fiable no es algo que ocurra en una sola sesión. Se trata de un proceso minucioso que requiere su tiempo para garantizar que el resultado sea preciso y para descartar cualquier otra explicación a tus dificultades.
Por lo general, una evaluación diagnóstica completa y bien hecha suele requerir entre 2 y 4 sesiones. Este tiempo se distribuye en varias fases clave:
- Entrevista inicial: Es la primera toma de contacto para conocerte, entender qué te ha llevado a consulta y empezar a explorar tu historia.
- Recopilación de información: Aquí se utilizan cuestionarios y escalas estandarizadas. A veces, si es posible y das tu consentimiento, también se recoge información de algún familiar cercano (como tus padres) para tener una visión más completa de cómo eras en la infancia.
- Sesión de devolución: Una vez analizada toda la información, me reúno de nuevo contigo para explicarte mis conclusiones, entregarte el informe diagnóstico, resolver todas tus dudas y hablar sobre los siguientes pasos y las posibles vías de tratamiento.
Espero que esta guía te haya aportado algo de claridad y la confianza para dar el siguiente paso si lo necesitas. Entender cómo funciona tu cerebro es el verdadero comienzo de un camino de autoconocimiento y crecimiento.
Si te has sentido identificado y estás pensando en buscar una evaluación profesional, en mi consulta te ofrezco un espacio seguro y especializado para acompañarte en este proceso. Puedes reservar una cita conmigo para que exploremos juntos tus dificultades y encontremos las mejores estrategias para ti.