Problemas de conducta en adolescentes que agotan a los padres
Hola, soy Irene Arnás. Con más de quince años de experiencia como psicóloga acompañando a familias, sé de primera mano que la adolescencia puede sentirse como un viaje lleno de turbulencias. No es solo un cambio de actitud; es una auténtica revolución a nivel cerebral, hormonal y social que a menudo se manifiesta en conductas que nos desconciertan y nos ponen a prueba como padres y educadores.
Los problemas de conducta en adolescentes no son una simple rebeldía pasajera. Hablamos de patrones de comportamiento desafiante o disruptivo que se mantienen en el tiempo y terminan afectando negativamente la vida del joven, sus relaciones en casa, su rendimiento en el colegio y su propio bienestar emocional. A menudo, estos comportamientos pueden ser la manifestación visible de dificultades subyacentes, como la ansiedad, la depresión o incluso un TDAH no diagnosticado.
Entendiendo qué hay detrás de los problemas de conducta
Mi objetivo en este primer apartado es ayudarte a distinguir entre los comportamientos típicos de esta etapa de crecimiento y aquellos que, en realidad, esconden un problema más profundo. Para explicarlo, me gusta mucho usar la analogía del iceberg.
Lo que vemos en la superficie —esa rebeldía, el desafío a las normas, el aislamiento o las malas contestaciones— es solo la punta visible.
Lo que no se ve a simple vista
Debajo del agua, en la inmensa parte sumergida, se ocultan las verdaderas causas: un torbellino de emociones complejas, miedos, inseguridades, presiones sociales o necesidades que no saben cómo expresar. Un adolescente que se muestra agresivo podría estar, en realidad, lidiando con una ansiedad que le desborda o sintiéndose profundamente solo.
Es fundamental entender que un comportamiento difícil casi siempre es una forma de comunicación. Es un grito de ayuda que debemos aprender a escuchar antes de juzgar o de imponer un castigo.
La adolescencia en el contexto actual
Además, no podemos olvidar que la adolescencia de hoy se vive en un entorno mucho más complejo y exigente. En España, estamos ante una crisis silenciosa de salud mental juvenil: se estima que el 40% de los menores presenta malestar psicológico y uno de cada cinco ha llegado a tener ideas suicidas. Factores como la ansiedad, la depresión o el TDAH son cada vez más comunes, y a menudo se ven agravados por el impacto de las redes sociales. Puedes leer más sobre los hallazgos de esta crisis de salud mental para comprender mejor el panorama actual.
Por eso, antes de etiquetar una conducta como "mala", te invito a hacer una pausa y a preguntarte:
- ¿Qué podría estar intentando decirme mi hijo o hija con este comportamiento?
- ¿Qué necesidad no cubierta se esconde detrás de su enfado o de su apatía?
- ¿Hay algo en su entorno (amigos, colegio, redes sociales) que le esté afectando?
Un comportamiento desafiante no es un ataque personal hacia ti, sino una señal de que tu adolescente está luchando con algo que no sabe cómo gestionar. Nuestra labor es ser detectives emocionales, no jueces.
Comprender esta perspectiva es el primer y más importante paso para transformar el conflicto en conexión y empezar a construir soluciones reales y duraderas.
Trabajemos juntos
Estoy disponible tanto para terapia presencial en Las Palmas como para sesiones online.
Cómo identificar las señales de alarma a tiempo
Como psicóloga, una de las preguntas que más me hacen los padres es: "¿Cómo sé si esto es normal de la adolescencia o algo más serio?". Es una duda completamente lógica y muy frecuente. Saber distinguir entre una mala racha, propia de la edad, y un problema de conducta real que necesita atención es fundamental para poder actuar a tiempo.
La clave no está en un único comportamiento aislado, sino en tres factores que siempre debemos observar con atención: la intensidad, la frecuencia y la duración. ¿Esa irritabilidad es una explosión puntual o un estado de ánimo constante que dura semanas? ¿Esa bajada en las notas es de un solo examen o un desplome generalizado que se mantiene durante todo el trimestre?
Hacernos estas preguntas nos ayuda a poner el comportamiento en perspectiva. Un adolescente puede tener un mal día, por supuesto, pero cuando los malos días se convierten en la norma y empiezan a afectar seriamente a su vida, es el momento de prestar más atención.
Señales concretas que no debes ignorar
Para que te resulte más sencillo, he agrupado las señales de alarma más importantes en cuatro áreas clave. Si observas varios de estos indicadores de forma persistente, podríamos estar ante un problema de conducta que requiere una mirada más profunda.
- A nivel emocional: Busca cambios bruscos y sostenidos en su estado de ánimo. Una irritabilidad constante, una apatía profunda o una tristeza que parece no tener fin no son simplemente "cosas de la edad". Presta especial atención si deja de disfrutar de actividades que antes le encantaban.
- A nivel social: Un cambio drástico y repentino en su círculo de amistades puede ser una señal clara. También lo es el aislamiento progresivo; si de repente prefiere estar siempre solo, evita el contacto con la familia y abandona sus aficiones sociales.
- A nivel académico: Una caída notable y sostenida en el rendimiento escolar es una de las banderas rojas más evidentes. No hablamos de un suspenso puntual, sino de una falta de interés generalizada, ausencias frecuentes en clase o problemas de concentración que antes no existían.
- A nivel físico: No subestimes las señales que da el cuerpo. Cambios drásticos en los patrones de sueño (no poder dormir o dormir demasiado), alteraciones significativas en el apetito o la aparición de autolesiones, por muy leves que parezcan, son síntomas que requieren atención inmediata.
Esta imagen del iceberg describe la adolescencia a la perfección: lo que vemos en la superficie, como la rebeldía, es solo una pequeña parte de un mundo emocional interno mucho más complejo.

La imagen nos recuerda que debajo de un comportamiento desafiante casi siempre se esconden emociones muy intensas, cambios y necesidades que debemos aprender a interpretar.
Conducta típica vs. señal de alarma en la adolescencia
Para ayudarte a visualizar mejor la diferencia, he preparado esta tabla. Piensa en ella como una guía rápida para evaluar lo que estás observando en casa o en el aula.
| Área de comportamiento | Conducta típica de la adolescencia | Posible señal de alarma |
|---|---|---|
| Estado de ánimo | Cambios de humor pasajeros, momentos de irritabilidad que van y vienen. | Irritabilidad extrema y constante, apatía prolongada, tristeza profunda o desesperanza. |
| Relaciones sociales | Interés creciente por los amigos, búsqueda de nuevos grupos y cierta distancia familiar. | Aislamiento total, pérdida repentina de todos sus amigos o inicio de amistades con comportamientos de riesgo. |
| Rendimiento académico | Alguna bajada en las notas, desinterés por una asignatura concreta. | Caída drástica y generalizada del rendimiento, absentismo escolar frecuente. |
| Normas y límites | Cuestionamiento de las normas, búsqueda de mayor autonomía y desafíos ocasionales a la autoridad. | Desobediencia sistemática, comportamiento agresivo, mentiras constantes o problemas legales. |
Es importante tener esto claro: un solo indicador no define un problema, pero la combinación de varios de ellos, mantenidos en el tiempo, sí es un motivo más que suficiente para buscar orientación.
Si al leer esta sección sientes que muchos de estos puntos resuenan con tu situación, quiero que sepas que no estás solo o sola y que hay caminos para solucionarlo. De hecho, aprender cómo detectar problemas de salud mental en adolescentes es una habilidad fundamental para cualquier padre o madre, y puede darte aún más herramientas para comprender qué está ocurriendo. Actuar a tiempo marca toda la diferencia.
Las raíces del comportamiento desafiante en tu adolescente
Ningún comportamiento disruptivo, por repentino que parezca, aparece de la nada. Como psicóloga, sé que uno de los mayores alivios para los padres es comprender el «porqué» que se esconde detrás de las acciones de sus hijos. No se trata de buscar excusas, sino de encontrar las raíces del problema para poder ofrecer soluciones reales.
Los problemas de conducta en la adolescencia casi siempre son el resultado de una compleja mezcla de factores. Imagínalo como una «tormenta perfecta» donde se unen la biología, la psicología personal y el entorno social y familiar. Entender cómo se combinan estos elementos es el primer paso para calmar esa tormenta.
El cerebro adolescente en construcción
A menudo se nos olvida que el cerebro de un adolescente todavía está en plenas obras. La parte más importante en este proceso es el córtex prefrontal, el área responsable de la toma de decisiones, la planificación, el control de impulsos y la comprensión de las consecuencias a largo plazo.
Esta zona es la última en madurar por completo, un proceso que no termina hasta bien entrados los 25 años.
Esto significa que tu adolescente está navegando por emociones intensas y situaciones sociales complejas con un «director de orquesta» cerebral que aún está aprendiendo a llevar el ritmo. Su impulsividad o su dificultad para medir los riesgos no es un defecto de carácter, sino una característica propia de su etapa de desarrollo.
Factores psicológicos: el mundo interior del adolescente
Más allá de la biología, cada adolescente tiene su propio universo emocional. Hay varios factores psicológicos que pueden actuar como combustible para los problemas de conducta y que, a menudo, pasan desapercibidos.
- Baja autoestima: Un adolescente que no se valora a sí mismo puede buscar validación de formas negativas, como desafiar la autoridad o unirse a grupos de riesgo. El comportamiento disruptivo se convierte en una máscara para ocultar su inseguridad.
- Ansiedad o depresión: La irritabilidad, la agresividad o la apatía son síntomas muy comunes de la ansiedad y la depresión en jóvenes. Lo que desde fuera parece enfado o pereza puede ser, en realidad, un sufrimiento interno que no saben cómo gestionar.
- TDAH no diagnosticado: El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad puede manifestarse como una desobediencia constante, impulsividad y dificultad para seguir las normas. Sin un diagnóstico y apoyo adecuados, estos síntomas se confunden fácilmente con «mal comportamiento».
- Experiencias traumáticas: Vivir situaciones de acoso escolar, conflictos familiares graves o cualquier otro evento traumático puede dejar heridas profundas que se expresan a través de conductas desafiantes.
Una autoestima frágil es una de las raíces más comunes de los problemas de conducta. Si quieres profundizar en cómo ayudar a tu hijo a construir una base emocional sólida, te invito a leer más sobre la diferencia entre autoestima y autoconcepto y cómo fortalecerlos.
El entorno familiar y social como catalizadores
Finalmente, el contexto en el que se mueve el adolescente juega un papel fundamental. Un entorno inestable o poco seguro puede multiplicar el riesgo de desarrollar problemas de conducta.
Un informe reciente sobre la salud emocional juvenil en España revela datos preocupantes: más de un millón y medio de jóvenes de 12 a 18 años están en riesgo o ya padecen problemas emocionales. La soledad no deseada, que afecta a uno de cada cuatro, y el uso excesivo de redes sociales son factores de riesgo directos. Puedes explorar más a fondo los resultados de este informe para entender la magnitud del desafío actual.
Algunos de los factores ambientales más influyentes son:
- Conflictos familiares: Un hogar con discusiones constantes genera un ambiente de tensión que el adolescente puede absorber y replicar fuera.
- Falta de límites claros: La ausencia de normas consistentes crea inseguridad. Los adolescentes, aunque no lo parezca, necesitan y buscan una estructura que les dé seguridad.
- Presión de grupo: El deseo de pertenecer puede llevar a un adolescente a adoptar comportamientos negativos para ser aceptado por sus amigos.
- Acoso escolar o ciberacoso: Ser víctima de acoso es una de las experiencias más dañinas y una causa directa de problemas de conducta como el aislamiento, la agresividad o la evasión.
Entender estas raíces no resuelve el problema de inmediato, pero cambia por completo nuestra perspectiva. Nos permite pasar de reaccionar con enfado a responder con empatía, buscando ayudar a nuestro adolescente a sanar lo que realmente le duele.
Estrategias prácticas para restaurar la calma en casa
Entender de dónde vienen los problemas de conducta en los adolescentes es el primer paso, pero sé que lo que de verdad necesitas ahora son herramientas para el día a día. Como psicóloga, mi enfoque "Henko" se centra en la transformación, en darte estrategias que puedas empezar a usar hoy mismo para cambiar la dinámica en casa.
No existen las varitas mágicas. Lo que sí funciona es construir, paso a paso, un nuevo sistema de convivencia basado en el respeto, la claridad y el reconocimiento del esfuerzo.

Mi objetivo es que recuperes la confianza en tu capacidad para guiar a tu adolescente. Juntos podemos transformar un ambiente de conflicto en uno de colaboración. Para ello, nos apoyaremos en tres pilares clave.
1. Límites firmes pero respetuosos
Aunque su comportamiento parezca decir lo contrario, los adolescentes necesitan límites para sentirse seguros. Son como las barandillas de un puente: no están para castigar, sino para guiar y proteger en un camino que a veces es vertiginoso.
La clave está en cómo los ponemos. Para que funcionen, los límites deben ser:
- Claros y concretos: Olvida el genérico "sé más responsable". Cámbialo por "la basura tiene que estar sacada antes de las 9 de la noche". La ambigüedad es el caldo de cultivo perfecto para los conflictos.
- Consistentes: Las normas tienen que aplicarse siempre, no solo cuando el enfado aprieta. Si la regla es "el móvil se queda fuera de la mesa durante la cena", es para todos los días. La intermitencia solo consigue invalidar la norma.
- Comunicados con calma: El mejor momento para fijar las reglas es en un momento de paz, nunca en mitad de una batalla campal. Explícale el "porqué" de cada límite de forma razonada, sin imposiciones.
Un límite firme no necesita gritos. La verdadera firmeza se demuestra con calma y constancia, no con el volumen de la voz. Tu serenidad es tu mayor herramienta de autoridad.
2. El poder del refuerzo positivo
A menudo, nos enfocamos tanto en corregir lo que hacen mal que se nos olvida reconocer todo lo que hacen bien. El cerebro adolescente responde mucho mejor al reconocimiento que a la crítica constante. Reforzar lo positivo no es sobornar, es celebrar los avances y motivar para que quieran seguir por ese camino.
Es como cuidar una planta. Si solo te fijas en las hojas secas, te olvidas de regar las que están creciendo sanas y fuertes.
- Sé específico en el elogio: En lugar de un vago "buen trabajo", prueba con algo como: "Me ha encantado ver cómo te has organizado hoy para terminar los deberes antes de cenar. Se nota el esfuerzo".
- Reconoce el esfuerzo, no solo el resultado: Valora el proceso. "He visto lo mucho que te ha costado, pero no te has rendido. Estoy muy orgullosa de tu perseverancia".
- Usa recompensas no materiales: El refuerzo no siempre tiene que ser un regalo. Puede ser tiempo de calidad juntos, un elogio sincero o una mayor flexibilidad, como dejarle volver un poco más tarde el fin de semana por haber cumplido con sus responsabilidades.
Este pequeño cambio de enfoque puede reducir la tensión en casa de una forma increíble. Cuando un adolescente se siente visto y valorado, su disposición a colaborar se multiplica.
3. El contrato de conducta familiar
Para los temas más peliagudos o recurrentes (el uso del móvil, las tareas de casa, las horas de llegada...), los contratos de conducta son una herramienta fantástica. Se trata de un acuerdo escrito, creado y firmado por todos los miembros de la familia que estén implicados.
Para que sea eficaz, el contrato debe incluir tres partes:
- El comportamiento esperado: Definido de forma clara y sin dar lugar a interpretaciones. Por ejemplo: "De domingo a jueves, el móvil se dejará cargando en el salón a las 22:00h".
- Las consecuencias de cumplirlo: ¿Qué privilegio o recompensa se obtiene? "Si cumples esto toda la semana, el viernes podrás volver a casa 30 minutos más tarde".
- Las consecuencias de no cumplirlo: ¿Qué pasará si el acuerdo se rompe? Debe ser algo claro y proporcionado. "Si no dejas el móvil a la hora acordada, al día siguiente no podrás usarlo después de cenar".
Este método funciona porque el adolescente participa activamente en su creación, lo que fomenta su responsabilidad y compromiso. No es una imposición, es un pacto. Al firmarlo, se compromete a seguir unas reglas que él mismo ha ayudado a definir.
A veces, la dificultad para cumplir estos pactos tiene que ver con la gestión de emociones como la ira. Si sientes que las discusiones escalan demasiado rápido, puede ser de gran ayuda aprender estrategias para el control de la ira en la familia.
Poner en marcha estas estrategias requiere paciencia y, sobre todo, mucha constancia. El cambio no ocurrirá de la noche a la mañana, pero cada pequeño paso que des en esta dirección construirá una base mucho más sólida para la convivencia y fortalecerá vuestro vínculo, demostrándole que, a pesar de todo, estáis en el mismo equipo.
El arte de comunicarte con tu adolescente para que te escuche
Muchas veces, la raíz de los problemas de conducta en adolescentes no está tanto en lo que decimos, sino en cómo lo decimos. En consulta veo cada día cómo las discusiones se convierten en auténticas batallas campales que van minando la confianza. Mi objetivo es darte herramientas para transformar esas discusiones en diálogos que conecten, fortaleciendo vuestro vínculo en lugar de debilitarlo.
La comunicación es una calle de doble sentido. Si queremos que nos escuchen, primero tenemos que aprender a escuchar nosotros.

Escucha activa para que se sienta comprendido
Escuchar de verdad no es simplemente oír las palabras; es entender la emoción que hay detrás. Implica dejar el móvil a un lado, apagar la tele y mirarle a los ojos, demostrando con tu lenguaje corporal que lo que dice te importa.
Una técnica que funciona muy bien es la validación emocional. Consiste en reconocer sus sentimientos, incluso si no estás de acuerdo con su punto de vista. Frases tan sencillas como "Entiendo que te sientas así" o "Veo que esto es muy frustrante para ti, aunque yo no lo vea igual" pueden desactivar un conflicto al instante.
La validación no significa darles la razón. Significa darles el derecho a sentir lo que sienten, y eso crea un puente de conexión inmediato.
Elige el momento y el lugar adecuados
Nunca intentes tener una conversación importante en mitad de una discusión, cuando las emociones están a flor de piel. Tampoco suele ser buena idea hacerlo justo cuando llega del instituto o antes de irse a dormir.
Busca momentos de calma, como durante un paseo juntos o mientras preparáis la cena. Un entorno neutro y relajado invita a una comunicación mucho más abierta y sincera, y evita que la conversación escale hacia una nueva pelea.
Comunica desde el "yo", no desde el "tú"
Una de las herramientas más potentes que enseño a las familias es el uso de los "mensajes yo". En lugar de lanzar acusaciones que automáticamente ponen al otro a la defensiva ("Tú siempre dejas todo tirado"), expresa cómo te hace sentir su comportamiento ("Yo me siento agobiada cuando veo la cocina desordenada").
- Mensaje "Tú" (Acusación): "Es que nunca me escuchas cuando te hablo".
- Mensaje "Yo" (Expresión): "Me siento ignorada cuando te hablo y estás mirando el móvil".
Este pequeño cambio de enfoque es fundamental. No ataca, sino que expresa una necesidad o un sentimiento, lo que invita a la empatía en lugar de a la confrontación.
Crear este espacio seguro para hablar es vital, sobre todo si miramos la realidad actual. Un estudio reciente desvela que el 41% de los adolescentes en España ha tenido o cree haber tenido un problema de salud mental. Sin embargo, más de 1 de cada 3 no lo habla con nadie y más de la mitad no pide ayuda profesional. Esto subraya la importancia de construir un entorno familiar donde se sientan seguros para expresarse. Puedes descubrir más sobre los resultados de este estudio en UNICEF España.
Dominar el arte de la comunicación no es fácil y requiere práctica, pero créeme, es la inversión más valiosa que puedes hacer en la relación con tu hijo o hija.
Cuándo y cómo buscar ayuda profesional para tu familia
A pesar de todo nuestro amor, paciencia y los intentos por aplicar nuevas estrategias, a veces la situación en casa simplemente no mejora. Quiero que sepas algo importante: reconocer que necesitas ayuda externa no es un fracaso. Todo lo contrario, es un acto de valentía y un compromiso enorme con el bienestar de tu familia. Es como admitir que te has perdido en el bosque y necesitas a alguien que conozca el camino de vuelta.
Pero, ¿cuál es el momento exacto para dar ese paso? Si al leer las siguientes situaciones sientes que te están hablando directamente a ti, probablemente sea la hora de buscar apoyo:
- La convivencia se ha vuelto insostenible. Las discusiones son el pan de cada día y la tensión en casa se puede cortar con un cuchillo.
- Sientes que has perdido la conexión. Ya no sabes cómo llegar a tu hijo o hija. La comunicación está completamente rota, como un teléfono sin línea.
- Su comportamiento le está pasando factura. Su rendimiento en el instituto ha caído en picado, ha perdido amistades importantes o se está aislando del mundo.
- Ves señales de riesgo. Te preocupa que pueda estar consumiendo sustancias, haciéndose daño a sí mismo o poniéndose en peligro de alguna manera.
- Estás en tu límite. Sientes que lo has probado todo y, sinceramente, ya no te quedan ni recursos emocionales ni herramientas para manejar la situación.
Si has asentido mientras leías esto, respira hondo. No tienes que seguir llevando esta carga a solas.
Mi enfoque Henko para familias
A lo largo de mis más de 15 años de experiencia, he ido puliendo una forma de trabajar que llamo "Henko", una palabra japonesa que significa un cambio profundo, una transformación desde la raíz. Mi objetivo no es solo apagar el fuego del conflicto que tenéis ahora, sino daros las herramientas para que podáis construir relaciones más sanas y fuertes a largo plazo.
Ofrezco un espacio seguro y totalmente confidencial, tanto en mi consulta presencial en Las Palmas como en formato online, para adaptarme a lo que vuestra familia necesite. Mi trabajo con los problemas de conducta en adolescentes se apoya en varios pilares:
- Terapia individual para el adolescente: Le doy su propio espacio para que pueda expresar sus miedos, frustraciones y ansiedades sin sentirse juzgado. Aquí aprende a entender y gestionar sus emociones de una forma más saludable.
- Terapia familiar: Organizamos sesiones conjuntas para reconstruir puentes. El objetivo es mejorar la comunicación y establecer nuevas reglas del juego en casa que funcionen para todos.
- Orientación para padres y madres: Os acompaño a vosotros. Os doy pautas claras, resuelvo vuestras dudas y os ayudo a fortalecer vuestra confianza y vuestra autoridad, pero desde un punto de vista positivo y constructivo.
Mi compromiso es ofreceros un acompañamiento cercano y hecho a medida. Cada familia es un mundo, y por eso, el mapa para recuperar la armonía también debe ser único.
Si sientes que ha llegado el momento de pedir ayuda, estoy aquí para escucharos. Podemos empezar a caminar juntos hacia ese cambio que tanto necesitáis.
Resolvemos tus dudas más frecuentes sobre los problemas de conducta
Para cerrar este recorrido, quiero dedicar un momento a responder esas preguntas que, con toda seguridad, te estás haciendo ahora mismo. Son las dudas que escucho una y otra vez en consulta, las que surgen en medio de la noche y generan más inquietud. Mi intención es darte respuestas claras y directas, basadas en mi experiencia, para que sientas un poco más de calma y dirección.
Entiendo perfectamente que cuando la preocupación aprieta, las preguntas se multiplican. Vamos a despejar algunas de las más importantes y a derribar mitos que no ayudan en nada.
¿Mi hijo necesitará medicación para su comportamiento?
Esta es, sin duda, una de las mayores angustias de los padres. Te lo digo claro: la medicación nunca es la primera opción y, de hecho, no siempre es la solución.
Solo se plantea en casos muy concretos, como un TDAH severo que no mejora con otras intervenciones, un trastorno del estado de ánimo grave (como depresión o ansiedad) o problemas de impulsividad muy marcados. Es una decisión que corresponde exclusivamente a un psiquiatra infantil y juvenil, nunca a un psicólogo.
Lo primero que hago siempre es una evaluación psicológica completa para llegar a la raíz del problema. La terapia de conducta y el trabajo con la dinámica familiar son las intervenciones más potentes. En la gran mayoría de los casos, son más que suficientes para conseguir un cambio real y duradero sin necesidad de fármacos.
¿Cómo consigo que el colegio colabore con nosotros?
La alianza con el centro educativo es absolutamente crucial. Piénsalo como si fuerais un equipo: si todos remamos en la misma dirección, llegaremos a buen puerto mucho antes. Para lograrlo, te sugiero estos pasos:
- Pide una reunión formal: Solicita una cita con el tutor o tutora y con el orientador del centro. No intentes tratar un tema tan importante en una charla de cinco minutos en la puerta del cole.
- Prepárate la reunión: Lleva tus preocupaciones apuntadas y, sobre todo, preséntalas de forma constructiva. Si tienes algún informe profesional, apórtalo.
- Busca un plan de acción conjunto: El objetivo es crear estrategias que sean coherentes tanto en casa como en el aula. Por ejemplo, podéis acordar un sistema de comunicación semanal o unas pautas comunes para gestionar ciertas conductas.
Una comunicación fluida y constante entre la familia y el colegio es uno de los mayores indicadores de éxito. No subestimes su poder.
¿Cuánto tiempo dura una terapia para estos problemas?
No hay una respuesta única ni una varita mágica. Cada adolescente y cada familia sois un mundo. La duración de la terapia depende de muchos factores: la complejidad del problema, qué lo está causando, el grado de implicación de todos y, por supuesto, cuánto tiempo lleva enquistado ese comportamiento.
Una terapia puede durar desde unos pocos meses, si abordamos dificultades más concretas, hasta más de un año cuando trabajamos con patrones muy arraigados o situaciones familiares más complejas.
Mi enfoque no es "apagar fuegos" para que todo vuelva a estallar en unas semanas. Mi objetivo es daros herramientas que os sirvan para siempre. Desde la primera sesión, marcamos objetivos claros y vamos revisando los avances juntos, asegurándonos de que cada paso nos acerca a esa armonía familiar que tanto anheláis. Lo importante es empezar el camino.
Te ofrezco un espacio seguro y profesional donde encontrar las herramientas que tu familia necesita. Si te sientes sobrepasado por los problemas de conducta de tu adolescente y buscas un acompañamiento cercano y eficaz, ya sea presencial en Las Palmas u online, no dudes en ponerte en contacto conmigo. Descubre cómo puedo ayudarte a recuperar la calma.